Me parece muy centrado este comentario de Salvador. Realmente no consigo entender la reacción a este caso de filicidio.
Por lo que he leído, el de Lindsay Clancy encaja bastante bien con un filicidio en contexto de depresión psicótica / psicosis posparto: una mujer que ya estaba en tratamiento, que buscó ayuda, que presentaba un deterioro claro y que, según la defensa, actuó bajo el influjo de alucinaciones de mando. Eso es trágico y horrible, y merece un debate serio sobre salud mental materna. Me parece lógico que se reivindique indique una mejor atención en salud mental, etc. Hasta ahí, lo entiendo.
Lo que no entiendo de ninguna de las maneras es la histeria colectiva que se ha desatado en una parte de la población femenina. Cumple casi todos los criterios clásicos de histeria de masas:
-Contagio emocional rapidísimo a través de redes (“Same, Lindsay”).
-Identificación extrema y performativa (vídeos llorando con el bebé en brazos citando los diarios de la asesina, madres echando agua a sus bebés…).
-Negación o minimización de hechos básicos que ni siquiera la defensa discute.
-Rituales de grupo (concentraciones en rosa, lemas de sororidad, recaudaciones enormes).
-Desplazamiento total de la culpa hacia “el sistema”, el marido o el patriarcado.
Y sí, esto también da pie de sobra para hablar de feminidad tóxica:
-La inversión completa víctima-victimario (la que estranguló a tres niños se convierte en la gran víctima).
-La dilución sistemática de la responsabilidad individual femenina cuando el acto es atroz.
-La empatía tribal que prioriza “proteger a una de las nuestras” por encima de los niños asesinados.
-El uso de la emoción y la sororidad como arma para cerrar cualquier crítica.
No se puede generalizar y es una respuesta de sólo una parte de la sociedad, pero cuando se convierte a una mujer que mató a sus tres hijos en un símbolo de identidad colectiva y en un ejemplo de “todas podríamos ser ella”, eso ya no es empatía. Es otra cosa. Algo que suena fuertemente patológico.
There is nothing unusual about the “rate of climate change.”
This alarmist argument that the current speed is geologically unprecedented is based on “Hockey Stick” reconstructions (e.g., MBH 1998, 1999; PAGES2K) were created with p-hacking and smoothing of proxy data that significantly reduces variance in the time series.
A Juan Tamariz, el mago de los naipes, lo llevaron al nacer a Cádiz, uno de los lugares donde era más feliz. Me dijo que de joven se hizo llamar 'Gazpachito' porque era un ilusionista que mezclaba ingredientes y era picantón. La magia y España le echarán de menos.
Va hilo 👇
Consider the physics of planetary scale: Carbon dioxide makes up just 0.042% of our atmosphere—roughly 426 parts per million.
Visually, that equates to just 4 molecules out of every 10,000, or a single molecule in a crowd of 2,500. Even with historical shifts, it remains a minuscule trace element.
Like water vapor, CO₂ warms the atmosphere by absorbing specific narrow bands of outbound infrared radiation. But scale matters. Water vapor can make up to 4% of the atmosphere in humid tropical regions, averaging 1% to 2% globally, with clouds covering roughly 69% of the planet at any given time. Concentrations of water vapor are routinely a hundred times higher than CO₂.
Consequently, water vapor is by far the planet's dominant greenhouse gas, driving anywhere from 50% to 70% of the natural greenhouse effect.
Yet, despite its tiny atmospheric footprint, CO₂ is the indispensable foundation for biological life. Through photosynthesis, terrestrial plants convert sunlight, water, and CO₂ into glucose energy and oxygen, forming the backbone of every land-based food chain.
It's not just the trees. In the seas, microscopic phytoplankton drive between 50% and 85% of the world's photosynthesis and oxygen production. Furthermore, dissolved carbon is a fundamental building block for marine life, utilised by corals, shellfish, and pteropods to construct their shells.
But the physical engine of global climate isn't a trace gas at all, nor is it the thin atmospheric envelope above us. It has always been the oceans.
Covering 71% of Earth's surface to an average depth of 2.3 miles, the oceans are the world's true thermal heartbeat. Water is roughly 800 times denser than air, and the top 2.5 metres of ocean store as much heat energy as the entire atmosphere.
The oceanic world holds over 80% of Earth's mobile carbon reservoir and stores more than 93% of the climate system's retained heat energy. Oceanic currents are the planet's true air conditioning unit, endlessly transporting immense stores of tropical heat toward the poles—a global conveyor belt that takes a thousand years to complete a single circuit.
Earth is a dynamic, interactive system driven by the fundamental laws of physics and thermodynamics—not oversimplified computer models or economic spreadsheets.
The idea of a single trace gas controlling the entire biosphere unravels under the sheer weight of planetary reality.
Bien al pacto del cambio climático, yo lo complementaría por un pacto contra la tectónica de placas, si conseguimos un planeta a T=cte (o sintonizable), y con volcanes eternamente dormidos y sin terremotos, miel sobre hojuelas. Amos con ello. 🤗
El asunto del ático es feo. Y la “explicación” del asunto del ático, venta express anunciada al salir el escándalo incluida, espantosa.
Si hay un responsable, cese inmediato. Si no lo hay, dimisión.
Paul Dirac stood in a Christchurch lecture hall in 1975 and asked whether gravity itself is slowly weakening. On camera. Almost nobody has heard him do it.
Dirac shared the 1933 Nobel Prize with Schrödinger. His equation predicted antimatter before any lab found it. Physicists put him next to Newton and rarely next to anyone else.
This is the 4th and final lecture of the only clean filmed series he left. He was 73. Instead of playing the safe legend, he spends the hour defending his wildest idea: the Large Numbers Hypothesis, the claim that nature's constants may drift over billions of years.
Watch how he builds it. He lines up giant numbers from cosmology, notices they rhyme, and follows the pattern wherever it leads, knowing most colleagues think he's wrong.
A researcher I know rewatched it twice and kept 1 note: the founder of quantum mechanics risking his reputation at 73, in public, on a hunch.
The footage sits free on YouTube with cleaned audio.
Most people protect their legacy. Dirac spent his on 1 more question.
Las creencias políticas no tienen que ver con la verdad. Son señales de lealtad tribal:
Las creencias políticas que las personas sostienen rara vez buscan reflejar la verdad objetiva o los hechos comprobados. En realidad, funcionan principalmente como señales de lealtad tribal: manifestaciones públicas que demuestran a qué grupo pertenecemos y a quiénes somos leales. Al adoptar ciertas opiniones, aunque sean inexactas o contradictorias con la evidencia, los individuos comunican su alineación con una tribu específica, lo que les permite ganar aceptación, estatus y apoyo dentro de ese colectivo.
Esta dinámica explica por qué es tan difícil cambiar la opinión de alguien mediante argumentos racionales. La creencia no se mantiene por su precisión, sino porque sirve como marcador de identidad y como herramienta de cooperación dentro del grupo. Cuestionarla públicamente equivale a traicionar a la tribu, por lo que las personas prefieren defenderla incluso frente a datos contrarios. En definitiva, en política lo que más importa no es tener razón, sino mostrar de qué lado se está.
https://t.co/tHQxdwRIws
🚨Unos apuntes sobre la sentencia de la Audiencia de Badajoz que condena a, entre otros, David Sánchez.
1/ No voy a analizar la sentencia. Quien realmente quiera conocer los hechos probados, sus fundamentos jurídicos y las pruebas valoradas, tiene a su disposición la sentencia completa o las explicaciones de cuentas y profesionales jurídicos serios, a favor y en contra, que la están desglosando. Quien no quiera hacerlo, no lo hará.
2/ Los que, sin haber leído la sentencia, ya hablan de “condena sin pruebas”, de “lawfare” o de “persecución judicial” contra el Gobierno, demuestran exactamente por qué no merece la pena entrar en debates técnicos con ellos. La mayoría ni han leído la sentencia ni tendrían capacidad real para entenderla aunque lo intentaran. Es el mismo relato sincronizado de los últimos años. Si logran que mucha gente crea que los jueces somos enemigos políticos, entonces cualquier futura investigación o condena podrá ser presentada como una persecución política, no como el resultado de aplicar la ley.
3/ La sentencia es el resultado de un proceso con todas las garantías procesales, con acusación y defensa, con valoración razonada de la prueba y con una motivación exhaustiva. Y, además, susceptible de recurso. Eso es lo normal en un Estado democrático. Lo anormal es convertir cada resolución judicial que resulta incómoda en una supuesta operación de “lawfare” o en un ataque coordinado al Gobierno.
4/ Pretender que jueces de toda España -de orígenes, trayectorias y sensibilidades muy distintas- estén orquestando una suerte de conspiración coordinada para derrocar al Gobierno resulta sencillamente ridículo. Tal vez, y sólo tal vez, la explicación sea mucho más sencilla y, para algunos, mucho más incómoda: que la corrupción en el Gobierno y su entorno ha alcanzado un nivel obsceno e insoportable.
5/ Quien quiera creerse el cuento del lawfare, que lo haga. Todo régimen que deriva hacia el autoritarismo necesita tres piezas imprescindibles: opresores que lo impulsen, colaboracionistas activos que lo justifiquen y una masa suficiente, dócil y enfurecida, dispuesta a aplaudir y a señalar al discrepante. Quien quiera formar parte de esa masa, que lo haga. Pero que sepa que lo está haciendo.
@AntonioMaestre Comentarios faltones y sectarios como el suyo me animan a seguir aquí, tratando de explicar sin estridencias, con más o menos acierto, el trabajo de los jueces y la defensa del Estado de Derecho. Así que gracias por el empujón.
Me pregunto si alguna vez saldremos de esto. Izquierda y derecha, derecha e izquierda, como dos equipos de fútbol que ya no recuerdan por qué juegan, solo que hay que ganar al de enfrente. Cambian los nombres, cambian las caras, cambian hasta las banderas que ondean, pero el guion es el mismo: nosotros somos los buenos, ellos son el problema, y cualquier matiz es traición. Y mientras tanto, los problemas reales siguen ahí, esperando a que alguien se digne a mirarlos sin gafas partidistas.
Lo difícil es aceptar que la verdad no cabe en una ideología. Ninguna. Ni en la tuya ni en la mía. La realidad es tozuda, cambiante, llena de aristas, y se ríe de los manuales. Hay momentos en los que conviene que el Estado intervenga, y momentos en los que conviene que se aparte. Hay problemas que se resuelven con más mercado y otros que se resuelven con más autoridad. Hay políticas que funcionan en un país y fracasan en otro, la masa no es la misma en todas partes. Pero admitir esto te deja sin tribu, sin aplausos y sin rts, y por eso casi nadie lo hace.
El pack ideológico es cómodo precisamente porque te ahorra pensar. Te dan el paquete entero: qué opinar de la vivienda, de la inmigración, de la energía, de la educación, del aborto, de la guerra de turno. Todo viene en el mismo lote, como si las preguntas estuvieran misteriosamente correlacionadas. Pero la realidad no funciona así. La realidad pide a veces medidas que a tu tribu le horrorizan, y otras veces pide lo contrario. Y quien no es capaz de moverse según lo que el problema exige, no está gobernando ni pensando: está repitiendo.
Quizá el verdadero salto, el que nadie quiere dar, sea aceptar que ese mapa minúsculo que llevamos en la cabeza no es el territorio. Que las ideas son herramientas, no identidades. Que se puede defender algo hoy y revisarlo mañana sin que se te caiga la dignidad. Mientras sigamos creyendo que pensar es elegir bando, seguiremos atrapados en el mismo bucle de atrofia mental.