amo ese momento en el que estoy con mi gato y que estoy haciendole cariños y el a mi, me ronronea, me amasa y de pronto decide que es demasiada felicidad y me pega una mordida nomás para recordarme que amar también es sufrir.
Como persona que estuvo AÑOS guardando lo que me pasó, no hay nada más reconfortante sacarlo y poder hablarlo, tarde muchisimo tiempo en darme cuenta que NO ERA MI CULPA y mucho más en poder contarlo sin quebrarme. Sos muy fuerte Luli.