Intentarlo no te garantiza ganar.
Pero sí te garantiza vivir.
Porque la vida no se mide por lo que consigues, sino por la cantidad de veces que te atreves a apostar por ti.
Cada intento, es una victoria sobre el miedo. Cada salto, una declaración de fe en lo que aún no existe.
Los que se lanzan no siempre llegan a donde esperaban, pero siempre descubren una versión de sí mismos que no sabían que existía.
Quizás no funcione. Pero puede que el simple hecho de atreverte, sea lo que te devuelva el alma al cuerpo.
Y quizás, con el tiempo, entiendas que el salto nunca fue peligroso.
Lo arriesgado era quedarte en el borde.
Uno de los secretos más infravalorados para vivir bien es tener la conciencia limpia.
Saber que no vas por la vida ensuciándote las manos con traiciones, escondiéndote detrás de máscaras o jodiendo a los demás.
El karma es real.
Todo vuelve. Siempre.
Vive con honor.
Vive despierto.
Vive en paz contigo.
Ese es el verdadero lujo.
He llegado a esa edad en la que tan solo me interesa el equilibrio.
Ya no busco el desenfreno, la incertidumbre ni lo efímero.
El equilibrio es la única vía para amar y para amarse.