“Hay en el corazón humano un gusto depravado por la igualdad que lleva a los débiles a querer rebajar a los fuertes a su nivel, y conduce a los hombres a preferir la igualdad en la servidumbre a la desigualdad en libertad”
Alexis de Tocqueville
Alguna vez, uno de sus ex compañeros en Chivas, le dijo al Pollo Briseño que se callara porque era muy malo. Antonio le contestó: “Seré malo, pero le meto huevos. Soy malo y lo que quieras, pero le meto huevos”.
Y sí, no es el futbolista más técnico, pero es un apasionado absoluto por el juego, es un profesional ejemplar, se deja todo en cada disputa y defiende el escudo del Guadalajara como pocos en la historia reciente del club.
¿Malo? Pues ya se ganó el corazón de todos Los Chivahermanos y es finalista de la Liga MX.
Memorable lo que hizo contra Atlas (enfrentando a Furch, el mejor atacante del campeonato en el juego aéreo) y América (cruzándose a Henry Martín, el goleador del torneo).
Rojiblanco por convicción.
RESPETO PARA ANTONIO BRISEÑO.
Y para terminar, señor juez, quisiera decir unas palabras acerca de mi defendido. Porque quizás yo también sea uno de ustedes, miembros del jurado, que crecieron en la década del '90 y vieron brillar a Michael Jordan en su 'prime'.