Mi parte favorita de una relación es cuando empiezan a contarse anécdotas de la infancia. De pronto ya sabes por qué se quebró el tobillo, de dónde salió la cicatriz en la ceja y los chistes familiares. Ese nivel de confianza es simplemente hermoso.
Para caminar lejos no eliges los zapatos más bonitos, eliges los que no te lastiman. Con las relaciones es igual: porque lo bonito impresiona; lo que no duele, se queda.