Me encanta que Darin haga siempre de Darin. Sus personajes encarnan la mejor clase de argentino: el tipo que solo quiere que no le rompan las pelotas y se ve forzado a hacer algo, y va y lo hace, de mala gana y con cara de orto, pero lo hace.
Para el entusiasmo está Brasil.
Cuando vean niños o animales encerrados en un auto estacionado, llaman al 911, sacan una foto y rompen un vidrio. Miles de personas deben haber visto ese perrito todavía vivo y pasaron de largo.