Te costó levantarte, te costó tener ganas, te costó querer y te costó poder, pero ahí vas, todos los días, disimulando, tratando de que nadie se entere de la batalla qué hay en tu cabeza.
Lloré sola, dormí sola, me desahogué sola, me calmé los ataques de ansiedad sola, me sentí sola, me aconsejé sola, comí sola, paso tiempo sola. Nadie vivió mi vida, ni lloró mis lágrimas, entonces nadie tiene derecho a juzgar mi forma de ser.