Ahora me siento como se deben haber sentido los polacos cuando los nazis se retiraban quemando y fusilando y venía del otro lado el Ejército rojo violando y saqueando y decapitando.
Anécdota real de Alberto Manguel, el que estuvo un rato en la biblioteca. A fines de los sesenta era artesano hippie y vivía en Londres. Le vendió un cinturón de cuero a Mick Jagger, pero no consiguió que lo castigue.
Tengo el corazón viejo y cansado pero no aceptaría un trasplante, que le den un corazón a otra carrocería más nueva, para qué se van a tomar semejante molestia.
Vengo del médico. Dice que me encuentro en perfecto estado de salud. Pero me inquietó la forma en que insistió en que le pague cuanto antes los honorarios de las cirugías.
Mi definición del horror cambió con los años.
Ahora el horror es el aburrimiento.
Por ejemplo, haberme pasado el mediodía y casi toda la tarde oyendo a madre sacarle el cuero a sus amigas.
Que además están muertas.
Detesto las cartas, los dados y todos los juegos de azar, porque siento que me distraen de la magna obra literaria que he emprendido y que jamás escribiré.