Habría sido mágico un último baile de Lionel Messi en el FC Barcelona. Y claro que, pese a tener casi 36 años de edad, todavía le queda físico + fútbol para destacar en la élite. Pero ha construido la mejor carrera en la historia del deporte, ya levantó el título que le faltaba (Copa del Mundo), lo conquistó absolutamente todo (a nivel colectivo e individual) y se entiende perfectamente que, tras tantos líos y volantazos de la directiva del FC Barcelona, no desee esperar el mercado entero sin garantías formales de que la operación saldrá bien. Se ganó como nadie elegir con total libertad, sin culpas, sin remordimientos. Si se quiere ir a Miami, a la MLS, a disfrutar de la vida con su familia, que lo haga. Ya no tiene nada que demostrar. El debate, hace tiempo, está liquidado. A estas alturas de su trayectoria, después de todo lo que ha logrado y todo lo que le ha dado al fútbol, no hay decisión correcta o incorrecta. Lo importante es que sea feliz. Vaya al sitio que vaya, disfrutemos al máximo sus últimos años de fútbol. Porque lo que es un hecho es que nunca volveremos a ver a un jugador como él.
Ver llorar a Robert Lewandowski por haber marcado UN ÚNICO GOL en la Copa del Mundo, después de haber hecho 600 en su carrera profesional, quizá ayude a entender a quienes no lo quieren entender, que no hay NADA como este torneo. Un Mundial mata a 500 Champions seguidas.
Sabemos que financió un hospital, abrió una estación de servicio y una torre de energía. Ahora, el diario Blick dio a conocer que dona €70 por mes a familias de Bambali, envía computadoras a una escuela del pueblo y premia a los mejores alumnos con €400. Sadio Mané es gigante.
Pues no sé si Pedri se parecerá o no a Iniesta (que se parece bastante, la verdad), pero lo que es indiscutible es que tiene más gol que Don Andrés.
Vaya chicharro acaba de clavar.
Cómo le sostiene la mano, la tranquiliza y le susurra sutil cuando va a perder el hilo. El respeto, el reconocimiento, el cuidado de lo frágil, la admiración por los predecesores. También podemos ser esto.
Si Will Smith fuera blanco, ya mismo estaría cancelado.
Pero negro golpea negro es legal y no viola los derechos humanos.
Este no es un comentario sobre la justicia o injusticia de la trompada; es un comentario sobre la hipocresía mediática y política.