He visto decenas de edits en TikTok llenos de nostalgia. Niñas llorando, gente que ni siquiera es futbolera con el corazón hecho pedazos por la eliminación de México.
Pero creo que el dolor, no es solo por la derrota.
Lo que nos destrozó fue perder ese México que vimos durante cuatro semanas. Un país donde, por un momento, dejaron de importar la ideología política, la clase social, la religión o cualquier otra diferencia. Éramos millones alentando la misma bandera, abrazándonos con desconocidos y siendo un pueblo feliz y unido.
Eso es lo que de verdad vamos a extrañar.
Si este Mundial nos dejó una lección, es que los mexicanos sí podemos estar unidos cuando dejamos de lado lo que nos divide. Ojalá no haga falta otro Mundial para recordarlo. Ojalá esa unión también sirva para exigir un mejor país, elegir mejores gobernantes y mandar alv a los políticos que viven de enfrentarnos entre nosotros.
Se creen un partidazo solo porque madrugan para ir a trabajar y pueden comprar cosas materiales. Pero no saben comunicarse, no saben canalizar sus emociones, no ofrecen paz y se niegan a sanar sus traumas ofreciendo silencios como castigo.
No hay atajos. Madrugar es difícil, cuidar el cuerpo es difícil, estudiar es difícil, trabajar es difícil, crecer espiritualmente también. Pero es justo que mucho cueste lo que mucho vale.