Tenemos derecho a desordenarnos, a perder el rumbo e incluso a perdernos.
La idea de un equilibrio total en la vida es una fantasía, ya que estamos atravesados por conflictos, pérdidas, contradicciones y elecciones.
Tanto la lógica del capital como los discursos normativos se alimentan de esa fantasía.
no me seduce tanto el nivel de tu discurso, sino la forma en que habitás tu realidad y la realidad que te rodea. No me conmueve tu apariencia, sino tus modos de hacerte notar. Me interesa tu rincón más oculto, no tu personaje social.
siempre buscamos la presencia de un otro que nos escuche, nos registre y nos devuelva una mirada de reconocimiento. No somos autosuficientes, aunque nos quieran vender este cuento individualista. Necesitamos de un otro significativo incluso en nuestros mejores momentos.