Claudia Sheinbaum asegura que el impuesto a los Refrescos y bebidas azucaradas NO es por dinero, si no porque se preocupa por nuestra Salud
NO MAMES, si en verdad se preocupara por nuestra Salud mejoraría las instalaciones del IMSS, ISSSTE o por lo menos el desabasto de medicamentos
Dos mujeres, dos caminos opuestos.
María Corina Machado vive prisionera en su propio país. No puede salir, no puede competir, no puede ejercer sus derechos más básicos. Aun así, se mantiene firme. Su fuerza no viene del poder, sino de la convicción. Su único delito ha sido creer en la libertad, en la dignidad y en la verdad. Ha enfrentado una dictadura sin armas, sin partido y sin respaldo internacional real, y sigue de pie. En un continente que normaliza la tiranía, ella representa resistencia moral.
Claudia Sheinbaum, en cambio, es el reflejo del poder sometido. No ascendió por mérito ni por independencia, sino por fidelidad. No desafió al régimen: lo heredó. Donde María Corina lucha contra un dictador, Sheinbaum protege a uno.
Donde una arriesga su libertad por principios, la otra sacrifica los principios por conservar el poder.
Una simboliza el costo de ser libre; la otra, la comodidad de obedecer.
En Venezuela, el poder destruyó la democracia.
En México, la democracia creó un nuevo poder absoluto.
La historia recordará a María Corina como símbolo de resistencia.
Y a Sheinbaum, como un servil pero autoritario títere.
If you died today, the hospital/clinic where you work would replace you tomorrow.
Don’t live your life based on the expectations of a system that treats doctors like a commodity.
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