El milagro económico de Taiwán: lecciones sobre el desarrollo económico
Por S. C. Tsiang (1984)
Sho-Chieh Tsiang (1918–1993) fue uno de los economistas chinos más destacados del siglo veinte: un teórico monetario de una originalidad poco común, un crítico formidable de las ortodoxias de posguerra y uno de los principales arquitectos intelectuales de la transformación económica de Taiwán. Nacido en Shanghái, estudió primero en la Universidad de Keio hasta que la guerra interrumpió sus estudios, y luego en la London School of Economics, donde se licenció en 1941 y obtuvo su doctorado en 1945 bajo la dirección de Friedrich Hayek. Su tesis, sobre las variaciones de los salarios reales y los márgenes de ganancia a lo largo del ciclo económico, ganó la Medalla Hutchinson a la mejor tesis de la LSE en un período de dos años.
Después de enseñar en la Universidad Nacional de Pekín y en la Universidad Nacional de Taiwán, y de desempeñarse como economista en el Fondo Monetario Internacional, se incorporó a la Universidad de Rochester en 1960 y a la Universidad de Cornell en 1969, donde dio clases hasta su jubilación como profesor emérito en 1985. En 1982 fue nominado al Premio Nobel de Economía, siendo el primer economista chino en recibir esa distinción, y en 1985 fue elegido Miembro Honorario de su alma mater, la LSE.
La parábola favorita del profesor Tsiang era la del granjero impaciente, tan decidido a hacer crecer sus cultivos que tironeaba de los brotes hasta arrancarlos de la tierra y matarlos. El buen granjero, en cambio, cultivaba sus siembras y luego las dejaba tranquilas para que crecieran solas.
Sin embargo, la mayor importancia de Tsiang no radica solo en la teoría, sino en la práctica. A principios de la década de 1950, cuando la sustitución de importaciones, los controles de cambio y el crédito artificialmente barato eran vistos por casi todos como el abecedario del desarrollo, él vio con claridad los costos de esas doctrinas de moda. Junto con Ta-Chung Liu, quien más tarde sería su colega en Cornell, Tsiang argumentó a favor de tipos de cambio realistas, tasas de interés reales positivas, una reforma impositiva y una estrategia de crecimiento orientada al exterior.
Sus propuestas, desarrolladas durante sus años en el FMI y adoptadas en Taiwán a partir de 1958, ayudaron a sentar las bases del despegue de la isla basado en las exportaciones. Tsiang fue, en ese sentido, no solo un analista del milagro económico de Taiwán, sino uno de sus creadores.
Durante los últimos treinta años, Taiwán, Corea del Sur, Hong Kong y Singapur han llegado a ser ampliamente considerados como modelos de crecimiento económico para los países en desarrollo; y con razón. Para tomar el caso de Taiwán, se trata de una pequeña isla de 36.000 km² con una densidad poblacional muy elevada pero escasos recursos naturales. Sin embargo, logró quintuplicar el ingreso real per cápita entre 1952 y 1980, pese a que su población se duplicó con creces (de 8,14 millones a 17,8 millones de habitantes). Este récord resulta aún más notable a la luz de la necesidad de Taiwán de mantener una preparación militar permanente. A lo largo de todo el período, no menos de medio millón de soldados estuvieron bajo las armas en todo momento.
La notable experiencia de Taiwán se edificó sobre el rechazo de ciertas teorías de desarrollo de posguerra que estaban en boga, y la adopción de estrategias más tradicionales basadas en la asignación de recursos por el mercado. De hecho, los experimentos de desarrollo de posguerra ya han tenido tiempo suficiente para comparar los resultados de estas dos estrategias tan diferentes. Los resultados son muy claros. Taiwán languideció mientras siguió las prácticas otrora de moda consistentes en utilizar restricciones cuantitativas y barreras arancelarias para garantizar un mercado doméstico protegido a las industrias de sustitución de importaciones, y en mantener bajas las tasas de interés mediante la regulación estricta de los bancos y otros intermediarios financieros.
Sin embargo, a mediados de la década de 1950, Taiwán implementó reformas fundamentales de política, liberalizando las restricciones comerciales, promoviendo las exportaciones a un tipo de cambio de equilibrio y estimulando el ahorro privado y la asignación eficiente de fondos de capital mediante una tasa de interés determinada por el mercado. Estas políticas produjeron cambios enormes en la composición de los productos de la economía taiwanesa, además de alentar un crecimiento muy rápido del ingreso junto con una igualdad sustancial del mismo. Al favorecer el desplazamiento desde la producción agrícola ineficiente —en la que Taiwán, escasa en tierras, no tenía ventaja comparativa— hacia la producción industrial de baja intensidad de capital, el comercio exterior de Taiwán se multiplicó más de 200 veces entre 1954 y 1980. En ese lapso, la agricultura pasó de representar cerca del 90% de las exportaciones a principios de la década de 1950 a apenas el 10% en 1980, mientras que las exportaciones industriales treparon del 10% al 90%.
Estos incrementos en la producción industrial fueron impulsados por enormes aumentos del ahorro privado en respuesta a políticas que lo alentaban. En el mismo período, el ahorro doméstico se elevó de alrededor del 5% del ingreso nacional a principios de la década de 1950 a casi el 35% a fines de los años setenta. Esta estrategia básica ha proporcionado el fundamento del rápido desarrollo económico de Taiwán durante los últimos treinta años; y la misma estrategia, emprendida varios años más tarde, ha producido los mismos resultados en Corea del Sur y otros países de la Cuenca del Pacífico. Estos éxitos consistentes encierran lecciones importantes para otros países cuya experiencia de crecimiento, influenciada por teorías de desarrollo otrora en boga, ha resultado decepcionante. Para comprender con mayor claridad la naturaleza de esas lecciones, conviene reexaminar detenidamente cómo la estrategia basada en el mercado contribuyó a producir el 'milagro económico' de Taiwán.
La experiencia de posguerra inmediata
El panorama económico de Taiwán después de la Segunda Guerra Mundial era sumamente sombrío. Las principales industrias de la isla habían sufrido gravemente los bombardeos durante la guerra, y la población de la isla aumentó abruptamente cuando casi dos millones de soldados y refugiados civiles que huían de la toma comunista del continente se sumaron a los aproximadamente seis millones de isleños. Las industrias que dejaron los japoneses estaban orientadas principalmente a abastecer el mercado japonés (como la industria azucarera y arrocera) o a satisfacer las necesidades militares japonesas, sin base económica independiente (como la refinería de aluminio). Otras industrias eran pequeñas fábricas que proveían las necesidades básicas cotidianas de la población local. Algunas fábricas de textiles de algodón y lana fueron traídas por industriales refugiados y establecidas en Taiwán con ayuda del gobierno.
La acuciante necesidad fiscal de mantener una gran fuerza militar, más la urgencia de restaurar la infraestructura económica, hacían imposible equilibrar el presupuesto. La rápida inflación fue, por tanto, inevitable en los primeros años de posguerra. En aquel momento, las autoridades económicas de la República de China en Taiwán operaban bajo dos concepciones erróneas muy en boga tanto en los círculos académicos como en la política de desarrollo. La primera era que la mejor manera de desarrollar las industrias nacientes de un país en desarrollo era proteger el mercado doméstico detrás de un muro de altos aranceles o restricciones cuantitativas a las importaciones. La segunda, que las tasas de interés debían mantenerse bajas aun frente a una inflación considerable, supuestamente para garantizar un crédito barato a las nuevas industrias. Lamentablemente, estas dos políticas son ambas perjudiciales, y los países en desarrollo que persistieron en aplicarlas acusan hoy un rezago deplorable en su desempeño.
Taiwán fue uno de los primeros países en apartarse de esa estrategia. Lo hizo primero abandonando la política de tasas de interés bajas frente a la inflación. Luego, trasladando el énfasis de su industrialización desde la sustitución de importaciones hacia la promoción de exportaciones, devaluó su moneda a un nivel realista, lo que hizo innecesarias las restricciones cuantitativas y los aranceles prohibitivos.
El fracaso de las estrategias de desarrollo por sustitución de importaciones
El argumento más ingenuo a favor de esta estrategia sostiene que las industrias de los países en desarrollo no tienen ninguna posibilidad de competir con las industrias de los países desarrollados, salvo en la producción tradicional de materias primas agrícolas y mineras. Por tanto, si un país en desarrollo quiere diversificarse más allá de sus roles tradicionales de productor de materias primas, debe brindar una fuerte protección a sus industrias nacientes. Este argumento, en su forma más simple, niega virtualmente la existencia de ventajas comparativas para los países en desarrollo. La confusión puede residir en que, cuando el tipo de cambio está sobrevaluado, se podría confundir la aparente ausencia de ventajas absolutas en cualquier industria con la ausencia de ventajas comparativas en cualquier industria en absoluto.
No obstante, en última instancia, las importaciones sólo pueden pagarse con exportaciones; y por tanto es imposible que no existan industrias con ventajas comparativas, ni industrias con ventajas absolutas de costo si el tipo de cambio se ajusta al nivel adecuado. Por supuesto, es posible que las industrias exportadoras tradicionales sean tan productivas que incluso bajo el libre comercio y tipos de cambio de equilibrio, resulten ser las únicas industrias con ventajas tanto comparativas como absolutas de costo. En ese caso, deberían ser efectivamente las únicas industrias exportadoras, a menos que se pueda demostrar que tienen deseconomías externas ocultas o que se basan en recursos naturales que se agotan rápidamente, como las industrias petroleras. En este último caso, la política adecuada consistiría en imponer un derecho de exportación apropiado sobre las industrias exportadoras tradicionales en cuestión y dejar que el tipo de cambio de la moneda doméstica se deprecie; así podrían manifestarse nuevas industrias exportadoras con ventajas absolutas de costo.
Una versión más sofisticada del argumento a favor de la sustitución de importaciones sostiene que la demanda mundial de los bienes exportables de los países en desarrollo probablemente sea inelástica. De ser así, una devaluación acompañada de la eliminación de las barreras arancelarias proteccionistas o de las restricciones cuantitativas a las importaciones podría conducir a un deterioro tan pronunciado de los términos de intercambio que el bienestar del país podría verse afectado, pese a cierto aumento de las exportaciones. Como los hechos posteriores han demostrado, este pesimismo sobre la elasticidad —como se lo ha llegado a llamar— carece de todo fundamento. De hecho, este supuesto ha resultado tan erróneo que la última moda académica parece haberse desplazado al extremo opuesto, tratando a todos los 'bienes transables' de un país pequeño como si gozaran de una demanda mundial perfectamente elástica.
Naturalmente, ninguno de estos casos es estrictamente correcto, pero los países que efectivamente adoptaron el pesimismo sobre la elasticidad perdieron sin duda una excelente oportunidad de mejorar la productividad real de sus recursos disponibles mediante la reasignación y el comercio. Se perdieron el poderoso impulso del que disfrutaron Taiwán y otros países de Asia oriental de reciente industrialización en sus esfuerzos hacia el despegue económico.
A principios de la década de 1950, Taiwán seguía la estrategia de desarrollo prevaleciente en la época: permitir que su moneda estuviera groseramente sobrevaluada mientras inflaba a nivel doméstico, pero manteniendo equilibrada su balanza de pagos mediante estrictos controles cuantitativos y un alto muro arancelario. Con estas políticas, las exportaciones de Taiwán se reducían a las pocas tradicionales —azúcar, arroz, piñas y algunos artículos menores— dirigidas principalmente a mercados establecidos mediante relaciones comerciales de la preguerra (por ejemplo, Japón). Sencillamente no era posible desarrollar nuevas industrias exportadoras ni nuevos mercados de exportación. Los esfuerzos de desarrollo industrial quedaban por tanto circunscriptos a las industrias productoras de bienes de consumo baratos para el altamente protegido —pero relativamente pequeño— mercado doméstico. Dado el bajo ingreso per cápita del país, las industrias de sustitución de importaciones operaban necesariamente a escalas muy por debajo de los niveles eficientes. 1/3
@ViejoLibertario No lo creo, el problema es que la izquierda le robó la cartera del relato a la derecha (son pocos pero parecen muchos 😅), pero sobre todo el gran problema es la comodidad de la gente (mientras puedan seguir yendo al bar está todo bien. Habrá que tocar fondo.
French 🇫🇷 Navy stops a boat with 4 Jihadists. They're asked for their intentions and say: “we're coming to conquer France.”
The Navy officer laughs and says: “conquer France? With only 4 people?”
The Jihadist responds: “oh, we're the last. The rest are already in France.”
Situación crítica en Francia.
Parece que Putin ha atacado París..
Pero no, son los “nuevos franceses” inmigrantes africanos y musulmanes de segunda generación y tercera generación que han decidido arrasar las calles y saquear negocios para “protestar por la educación”
El multiculturalismo es un arma de destrucción masiva.
@martinvars Martín, ¿cómo se ha podido llegar a esta situación?
Lo que hemos estado viendo esta semana con la quema de colegios es intolerable y esa gente sigue allí!
Esto es Madrigueas (Albacete) ha muerto una persona y el pueblo está completamente INUNDADO.
NO lo verás en ninguna TV porque ahí NO gobierna Mazón ni Ayuso ni tampoco Almeida
@ViejoLibertario@JMilei Aún me sigo preguntando cómo hicieron, cómo fueron moviendo las piezas sin tocar ninguna “granada” de las tantas que dejaron y todo además, sin default ni confiscaciones…
Solo por haber demostrado esa capacidad de superación, se merecen 2028.
🚨 El Jefe en la Sombra: Cuando Soros Da la Orden a Sánchez
¿No te da la sensación de que de repente cambian de tema en la tele para distraernos? Dicen que hay gente muy poderosa, como Soros, moviendo los hilos en la sombra con planes ocultos para desviar la atención de los problemas reales. Te meten polémicas falsas, desvían la culpa a otros y crean caos para que los políticos sigan mandando sin que nadie los mueva de la silla.
@MundoAlRojo