La felicidad es subestimada. La pintan como éxtasis, pero casi siempre es calma. Es la ausencia de problemas urgentes. Es un domingo por la tarde sin nada que resolver.
Algo que nadie te dice antes de mudarte solo es lo mucho que hay que barrer un hogar. Siempre hay mugre en el piso. Todo el tiempo. Vivir solo es una lucha constante contra la pelusa.
No cambiaría mi paz por absolutamente nada. Llega un punto en la vida donde te das cuenta que la paz interna, es lo más valioso que puede existir. Y que no merece la pena perderla por nada ni nadie.