Grazalema va a necesitar mucho mimo, mucha ayuda. Lo mismo que tantos pueblos y pedanías aledañas y de múltiples puntos de Andalucía. Pasará.
Mientras cura, toca rebosar sus terrazas, sus casas de comidas y sus calles con color. Con su gente. ¡Andaluces (y españoles), levantaos!