Antonella Petro, hija del presidente Gustavo Petro, publicó en su tik-tok un vídeo donde se ve que el capitán de la Selección Colombia, James Rodríguez, la contactó por Instagram y le hizo llegar este mensaje.
El que siga con éste tema únicamente lo que quiere es joder.
FIN.
@almartineca77@JeissonCAT Maradona era un Dios tan humano que era imperfecto
Para ud que es chavista Tan estúpido sería admirar a Chávez por sus cualidades como futbolista como admirar a Maradona por sus posiciones políticas
#EnDesarrollo “O vamos a luchar contra el narcotráfico o van a llevar el narcotráfico a la Casa Blanca. Yo no lo acepto, me pueden meter 10.000 veces a la lista OFAC y me pueden llevar preso, inténtenlo”, afirmó el presidente Gustavo Petro.
El mandatario le reclamó a Donald Trump por su apoyo a Abelardo De La Espriella, asegurando que olvidó lo conversado en la reunión de febrero pasado y que querían “imponer a un jovencito de Miami que no conoce a Colombia”. #VocesySonidos
El autogol de Cepeda.
Algún día, cuando se escriba el manual de lo que jamás debe hacerse en una campaña presidencial, la cruzada de Iván Cepeda contra la camiseta de la Selección Colombia tendrá capítulo propio, y no tanto por malvada sino por torpe. En plena segunda vuelta, a puertas de un Mundial, su campaña miró a Abelardo de la Espriella vestido de amarillo y creyó ver una oportunidad para denunciar oportunismo. Pero lo que hizo fue tomar el símbolo más emocional y transversal del país y entregárselo en bandeja de plata a su rival.
El error viola la primera regla de la guerra simbólica: no se prohíbe lo que no se puede controlar. La camiseta está en las calles, en los bares, en las vallas publicitarias y en las fotos familiares. Estamos en temporada de Mundial y medio país anda de amarillo sin que eso signifique adhesión a nadie.
Ahí se produjo algo más poderoso que el simple efecto Streisand. Primero, prohibir la camiseta la volvió más visible y deseable. Segundo, miles de personas inundaron las redes con la camiseta puesta como muestra de apoyo a Abelardo, pero también por rebeldía, porque a nadie le gusta que le digan cómo se puede vestir. Y tercero, lo más grave: desde que Cepeda la convirtió en campo de batalla, cada colombiano de amarillo empezó a parecer abelardista, aunque no lo fuera. Una valla publicitaria, un niño con la diez de James, una señora yendo a votar de amarillo, todo quedó teñido de un color político que nadie eligió. Cepeda quiso quitarle la camiseta a Abelardo y terminó haciendo parecer abelardista a medio país. Ninguna campaña compra semejante omnipresencia, y él se la regaló gratis.
Esa reacción no fue casual. El problema de fondo fue una mala lectura del símbolo. La campaña de Cepeda trató la camiseta como si fuera una pieza de propaganda, cuando para millones de colombianos es una emoción compartida. La camiseta remite al fútbol, al Mundial, a la familia reunida frente al televisor, al orgullo nacional y a una forma simple de pertenecer a algo común en un país fracturado. Judicializarla en ese contexto no parecía una defensa de la neutralidad, sino un regaño contra la gente que quiere ponerse la camiseta de Colombia.
Por eso la reacción fue tan inmediata. A la gente le gusta “la Sele”, le gusta vestirse de amarillo y le molesta que una campaña pretenda administrar ese símbolo. Además, en un país donde la camiseta ha sido usada una y otra vez por políticos de distintos sectores, prohibírsela a un solo movimiento difícilmente se lee como equilibrio institucional. Suena más a persecución.
La prohibición, además, abre absurdos imposibles de explicar. ¿Quién es “miembro” del movimiento de Abelardo, y cómo se prueba, con un carné, con un trino? Si un jugador de la Selección simpatiza con él, ¿debe abstenerse de vestirla en el Mundial? Esa clase de orden no pacifica nada, sino que ridiculiza a la autoridad, y el beneficiario natural es quien puede presentarse como víctima del exceso. Por eso resultó tan revelador que Cepeda celebrara el fallo en redes, celebrando en público la medida que más daño le hacía a su propia candidatura.
Las campañas torpes pierden por falta de inteligencia, pero sobre todo por falta de intuición popular. Ven una infracción donde la gente ve una emoción. Ven un símbolo contaminado solo porque no lo controlan. Cepeda quiso impedir que Abelardo se apropiara de la camiseta y terminó haciendo exactamente eso. Le fabricó una causa, le regaló una bandera y le puso al país entero el uniforme de su campaña.
Se acuerdan cuando @RoyBarreras dijo que la guerrilla pasa por las casas, recoge cédulas y despúes lleva el certificado electoral?
Pues ahí tienen todas las poblaciónes donde Cepeda obtuvo el 100% de los votos...
NO PODEMOS PERMITIR QUE EL CANDIDATO DE LAS FARC SEA PRESIDENTE!
@Negromar_@molidiez_@EspinosaRadio Si claro, el problema debe ser que yo no lo entiendo, van de error en error en la campaña y el problema somos los demás
@jairo_perilla@AleKolomonosov Hombre los datos están ahí, Ud verá que interpretación les da y que mentira de come pero más allá de los datos está la situación real del país, la verdad la tienen en las regiones
@jairo_perilla@AleKolomonosov Jajajajajaja si, es prejuicio jajaja hombre se ven ridículos negando lo evidente, hasta Roy Barreras por ahí salió en un video explicando cómo “vota” la gente en poblaciones como López de Micay
@molidiez_@EspinosaRadio No Moli es un gesto importado de una cultura extranjera que no es ampliamente difundida en Colombia, no todo el mundo lo entiende y NO es universal
Los jugadores de la selección necesitan aprender a comportarse es impresentable que no tengan una persona que les hable de su comportamiento en público o que no le hagan caso
Sea lo que sea, están frente al presidente de la republica!!! Ambos representan al pueblo!