A veces le decimos a Dios: ‘Bendíceme’. Pero, ¿qué le hemos puesto en sus manos para que lo bendiga? ¿Nuestro negocio? ¿Nuestros sueños? ¿Nuestra familia?
Señor Jesús… ¿cómo me pedís que vaya a pedir perdón, si fue esa persona quien me rompió primero? Y aun así, entiendo que el perdón no siempre sana al otro… a veces empieza sanando el corazón de uno.