Desde pequeña me acostumbré a decir: “Cumplo el 25 de febrero, como San Martín”.
Qué importante es rescatar la figura de José de San Martín, que no es “Juan José”, como dijo Milei.
No se trata de repetir una efeméride vacía ni de rendir culto a una estatua; se trata de volver a colocar en el centro una tradición de lucha por la independencia real, material y concreta.
San Martín no fue solo el libertador de Argentina, Chile y Perú; fue también quien, como Protector del Perú, abolió la mita, la encomienda y el yanaconazgo, es decir, formas brutales de explotación que reducían a los pueblos originarios a la servidumbre.
Su proyecto apuntaba a quebrar la estructura colonial y a abrir paso a naciones soberanas, no subordinadas a intereses extranjeros ni a oligarquías locales.
Hoy, cuando el gobierno de Javier Milei impulsa la entrega de tierras, ríos y glaciares al gran capital, cede sin pudor nuestra soberanía ante “su King”, Donald Trump, nos retrotrae a ser poco más que una colonia, y promueve reformas laborales que restauran condiciones que recuerdan a aquellas “Leyes de Burgos”, que reducían a la servidumbre a pueblos originarios y paisanos, el debate sobre el significado histórico de su figura vuelve a ser más actual que nunca.
La precarización extrema, la flexibilización sin límites y la naturalización de salarios de miseria son la versión contemporánea de aquellas relaciones de subordinación que San Martín y sus ejércitos, formados por el bajo pueblo y por esclavos libertos, buscaron liquidar.
Las clases terratenientes, que en el siglo XIX traicionaron el impulso transformador de la Guerra de Independencia y de la Revolución de Mayo, son las antecesoras históricas de la burguesía cipaya que hoy celebra la recolonización.
Por eso, defender el legado de Miranda, Bolívar, Toussaint Louverture, O’Higgins y San Martín no es un gesto nostálgico: es afirmar que la Argentina no nació para ser colonia de ninguna potencia, sino para construir su destino con una soberanía que solo podrá alcanzarse con una estrategia continental.
Nuestro proyecto de una gran Unión de Repúblicas Socialistas de América Latina busca completar aquella tarea inconclusa de estos heroicos libertadores; en aquel momento no existía la clase social con la capacidad de materializar esa unidad como ahora pueden serlo la clase trabajadora junto a los campesinos de nuestro continente.
Mi abuelo tenía en su comercio un cuadro gigante de San Martín y me encantaba mirarlo, y repetir que nací un 25 de febrero, como San Martín.
#Urgente La fiscalía incorporó al expediente filmaciones de la Policía de Mendoza que muestran cómo usaron la Legislatura Provincial para detener y torturar personas que se manifestaban pacíficamente contra la minería contaminante. Nunca se vio algo así en la casa de las leyes.