Siete hombres vertieron ketamina sobre su pene y violaron durante siete horas a una estudiante. Ella tuvo que abandonar la universidad por lo que le hicieron, ellos tuvieron que escribir un ensayo como castigo.
Foto de los 7 violadores y el señoro que impuso el castigo. (🇺🇸)
@eu_tamicarvalho Te entiendo mucho… mi mama falleció meses antes de que terminara de estudiar medicina… termine la carrera, no se como, pero sin ella todo perdió sentido. ¿De que sirve este logro si no lo puedo disfrutar con ella?. Te abrazo ❤️🩹
«No. Lo que se me estaba quedando sin batería era la cabeza».
Me cuenta que hace dos años empezó a fijarse en todas las veces que sacaba el móvil sin necesitarlo. En el ascensor. En una cola. Esperando el autobús. Incluso durante los dos minutos que tardaba alguien en volver del baño.
Y un día decidió recuperar esos ratos.
Me dice:
«Nos convencieron de que esperar es perder el tiempo. Así que llenamos cada minuto vacío con una pantalla. Pero si nunca dejas a tu cabeza sin nada que mirar, tampoco le dejas espacio para pensar».
Desde entonces deja el móvil guardado cuando espera.
Yo llevaba casi una hora mirando el mío sin esperar ningún mensaje.
Lo guardé.
Michelle Bachelet es y siempre será una gran mujer de Estado y líder mundial. Mis respetos eternos para la primera y única mujer presidenta de Chile.
🇨🇱
Hoy vimos un retroceso de casi 50 años en la elipse. Cambiar el traje de gala republicano por la indumentaria que se usaba en los años más oscuros de la dictadura es un mensaje de amedrentamiento. Las FF.AA. deben ser de todos los chilenos, no la trinchera del pinochetismo.
Un año más, ya casi medio siglo de aquel domingo 18 de septiembre cuando se llevaron a Néstor y Cristina, mis dos hermanos menores presos desaparecidos, arrojados al agua en los fatídicos vuelos de la muerte.
Le humillaron, insultaron, apalearon hasta romperle los dedos, la cara, la cabeza. Le quemaron. Le cortaron la lengua. Y, finalmente, después de tres dias de someterle a brutales torturas y humillaciones, le asesinaron disparándole hasta 44 tiros.
El 15 de septiembre de 1973, en el Estadio Chile convertido en centro de detención, torturas y terror fascista, los militares golpistas, fascistas pinochetistas, asesinaron al cantautor Victor Jara. Como el, miles de personas pasaron por las manos de estos sádicos que querian borrar su memoria, destruir su legado, reventar sus voluntades a base de golpes y brutales torturas.
Antes de morir, y mientras otros reclusos y compañeros intentaban socorrerle, curarle y esconderle de sus torturadores, consiguió escribir, sin dejar esa sonrisa, la sonrisa que nunca le abandonó y que más cabreaba al facho mientras le apaleaba, los últimos versos de su última poesia, ‘Somos cinco mil’.
Querian callarle pero le hicieron inmortal.
🇨🇱 Hoy, 16 de septiembre, se cumplen 53 años del asesinato de Víctor Jara a manos de la dictadura de Pinochet.
Fue brutalmente torturado y asesinado. Le destrozaron las manos y le cortaron la lengua, intentando apagar para siempre su voz.
Pero no pudieron.
🎶 Víctor Jara fue mucho más que un cantautor: fue la voz de los humildes, de los trabajadores y de quienes luchaban por un mundo más justo.
53 años después, su voz sigue viva. ✊
🎥 @Spanish_Revo Le rindo mi pequeño pequeño homenaje. #16DeSeptiembre #FelizMartes
Escucha el testimonio completo de Luz de las Nieves sobre el tipo de torturas que recibieron miles de chilenas y chilenos durante la dictadura de Pinochet con la financiación y formación de los EEUU.
Estas aberraciones son apoyadas por Kast y Milei en nombre de la libertad.
🔴 13 DE SEPTIEMBRE DE 1973
Ese día comenzó el último viaje de Víctor Jara.
Lo detuvieron en la Universidad Técnica del Estado. Lo llevaron al Estadio Nacional. Durante días lo golpearon, lo torturaron, intentaron quebrar sus manos y silenciar su voz.
Después lo asesinaron.
Su cuerpo apareció atravesado por 44 impactos de bala. Creyeron que con suficiente violencia podían matar también aquello que representaba.
Pero se equivocaron.
Víctor quedó en las guitarras que volvieron a tocar sus canciones, en las poblaciones que pronunciaron su nombre cuando hacerlo daba miedo, en las madres que enseñaron a sus hijos quién había sido, en cada momento en que Chile vuelve a buscar entre sus heridas aquello que algunos quisieran borrar.
Quisieron silenciar a un hombre y terminaron convirtiendo su voz en memoria universal.
"Lo siento, tenía que encontrarla…Lamento decirle que Víctor ha muerto… Encontraron su cuerpo en la morgue.
(…)Le ruego que sea valiente y que me acompañe para identificarle.¿Llevaba calzoncillos azul oscuro?. Tiene que venir, porque su cadáver lleva allí casi cuarenta y ocho horas y, si nadie lo reclama, se lo llevarán y lo enterrarán en una fosa común.
(…)Bajamos un oscuro pasadizo y entramos en una enorme sala. Mi nuevo amigo me apoya la mano en el codo para sostenerme mientras contemplo las filas y filas de cuerpos desnudos que cubren el suelo, apilados en montones, en su mayoría con heridas abiertas, algunos con las manos todavía atadas a la espalda. Hay jóvenes y viejos…cientos de cadáveres…en su mayoría parecen trabajadores…cientos de cadáveres que son seleccionados, arrastrados por los pies y puestos en un montón u otro por la gente que trabaja en el depósito (…)Me paro en el centro de la sala, buscando a Víctor sin querer encontrarle y me asalta una oleada de furia. Se que mi garganta emite incoherentes ruidos de protesta, pero Héctor reacciona instantáneamente.(...)
Nos envían a la planta superior. El depósito está tan repleto que los cadáveres llenan todo el edificio, incluyendo las oficinas. Un largo pasillo, hileras de puertas y, en el suelo, una larga fila de cadáveres , estos vestidos, algunos con aspecto de estudiantes, diez, veinte, treinta, cuarenta, cincuenta…Y en la mitad de la fila descubro a Víctor.
Era Víctor, aunque le ví delgado y demacrado¿Qué te han hecho para consumirte así en una semana?. Tenía los ojos abiertos y parecía mirar al frente con intensidad y desafiante, a pesar de la herida en la cabeza y terribles moretones en la mejilla. Tenía la ropa hecha jirones, los pantalones alrededor de los tobillos, el jersey arrollado bajo las axilas, los calzoncillos azules, harapos alrededor de las caderas, como si hubieran sido cortados por una navaja o una bayoneta…el pecho acribillado y una terrible herida abierta en el abdomen…las manos parecían colgarle de los brazos en extraño ángulo, como si tuviera rotas las muñecas, pero era Víctor, mi marido, mi amor.
En ese momento también murió una parte de mi. Sentí que una buena parte de mi moría mientras permanecía allí, inmóvil y callada…incapaz de moverme, de hablar."
Fragmento del libro , “Víctor Jara : Un canto truncado”
Testimonio de Joan Jara.