"La profesión de los políticos es mentir (...) no son hombres éticos; son hombres que han contraído el hábito de mentir, el hábito de sobornar, el hábito de sonreír todo el tiempo, el hábito de quedar bien con todo el mundo, el hábito de la popularidad..."
Jorge Luis Borges
Si hay un Dios y se reveló, entonces solo hay una religión verdadera y, por ende, las otras son falsas y desviantes.
Cristo es Dios y dejó a Su Iglesia.
Invito a quienes no La conozcan a leer el Compendio de Catecismo escrito por Benedicto XVI
¡Viva Cristo Rey!
Yo veo que la batalla cultural siempre la damos en negativo. Actuamos de forma reactiva, estamos siempre combatiendo lo que la izquierda dice. Y, en última instancia, les servimos de eco. Porque planteamos el debate en los temas que ellos quieren. (1/4)
Esta es la misma colina donde el emperador Nerón crucificó a San Pedro boca abajo. El imperio de Nerón ya no es más que polvo.
La Iglesia de Cristo confiada a Pedro sigue en pie. Jesús nunca va a abandonar a su Iglesia.
Esta es la misma colina donde el emperador Nerón crucificó a San Pedro boca abajo. El imperio de Nerón ya no es más que polvo.
Esta semana especialmente, recemos por la unidad de la Iglesia.
Jesucristo antes de curar a alguien le preguntaba si quería ser sanado.
Porque sanar implica cambiar y no todos estamos dispuestos a soltar aquello que nos enferma.
Cada año, Hollywood estrena al menos cinco o más películas sobre el Holocausto.
¿Cuántas sobre el Genocidio Armenio?
¿Cuántas sobre el Holodomor?
¿Cuántas sobre los millones de cristianos que fueron brutalmente perseguidos y asesinados por los judíos bolcheviques?
Mediante la magia del cine, reescriben la historia y se ganan tu empatía, y así, te desarman y te controlan.
“Siento que la tierra sigue moviéndose.”
El sistema vestibular y tu cerebro reciben una enorme cantidad de estímulos.
Después del evento, pueden tardar horas o incluso días en volver a sincronizarse.
Además, tu cerebro permanece en estado de hipervigilancia. En la mayoría de las personas desaparece de forma gradual.
“Dentro de un abrazo
puedes hacer de todo:
sonreír y llorar, renacer y morir.
O quedarte quieto
y temblar adentro,
como si fuera el último.”
- Charles Bukowski
El católico debe respetar la autoridad legítima y contribuir al bien común. Pero ninguna autoridad humana es absoluta, porque toda potestad está sometida a Dios, a la ley natural y al orden moral.
Por eso una ley injusta, contraria a la ley divina, no obliga moralmente en conciencia. Puede tener fuerza coactiva, puede imponer sanciones, puede venir revestida de legalidad positiva; pero si manda pecar, si obliga a colaborar con el mal o si ataca directamente la verdad sobre Dios y sobre el hombre, pierde su autoridad moral.
Los Apóstoles lo dijeron con claridad ante el poder religioso y político de su tiempo: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5,29).
Santo Tomás enseña que la ley humana tiene razón de ley en cuanto se ajusta a la recta razón. Cuando se aparta de la razón y del bien común, deja de ser plenamente ley y se convierte en una forma de violencia jurídica.
Esto tiene consecuencias muy serias. El católico no puede escudarse siempre en “la ley lo permite” o “la ley lo manda”. La legalidad no santifica el mal. Hubo leyes que permitieron matar inocentes, perseguir la fe, destruir la familia, corromper la educación y castigar a quienes se negaban a obedecer al poder. Ninguna de ellas obligaba ante Dios.
La obediencia civil tiene límites. El límite es Dios.
Cuando el Estado manda lo que Dios prohíbe, o prohíbe lo que Dios manda, el cristiano debe permanecer firme, aunque eso traiga rechazo, sanción o persecución. La conciencia bien formada no pertenece al Estado. Pertenece a Dios.
El mundo moderno ha querido convertir la ley positiva en medida última del bien y del mal. Pero una norma aprobada por mayoría, firmada por un gobierno o respaldada por tribunales puede seguir siendo profundamente injusta.
El católico no está llamado a ser un súbdito dócil del poder cuando el poder se rebela contra Dios. Está llamado a obedecer la verdad, custodiar su conciencia y recordar que por encima de toda ley humana está la ley eterna.
Porque antes que ciudadanos del Estado, somos criaturas de Dios. Y antes que obedecer al mundo, debemos obedecer a Cristo.
Fuentes: Hch 5,29; Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I-II, q. 96, a. 4; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2242-2243.
Con apenas 20 semanas, este bebé por nacer se mueve, gira la cabeza, patea e incluso se pone de pie. Su corazón latiendo también es visible.
La vida humana es un milagro.
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"Dijo mi madre: "Hijo, por lo que a mí toca, nada me deleita ya en esta vida. Una sola cosa había por la que deseaba detenerme un poco en esta vida, y era verte cristiano católico antes de morir. Ya me ha concedido esto mi Dios, qué hago pues aquí?"
San Agustín
(Conf. IX, X, 26)
Los celtas, francos, sajones, suevos, godos, vikingos, eslavos, germanos, lituanos, letones, etc. ... en fin, los grupos étnicos europeos precristianos adoraban a los anímales, árboles y manantiales, se veían en brutales conflictos interétnicos constantes, practicaban la esclavitud de sus vecinos (esclavitud de blancos) y ofrecían sacrificios humanos a sus falsas deidades.
No tenían códices (es decir, libros; eran principalmente culturas orales con una alfabetización muy limitada), hospitales, universidades ni orfanatos. Eran polígamos, las mujeres tenían pocos o ningún derecho, y los padres podían abandonar (matar) a los hijos no deseados por puro capricho.
No existía la igualdad ante la ley.
No existían los derechos humanos inalienables.
La fuerza bruta y la codicia determinaban quién explotaba y quién era esclavizado.
Pero luego Cristo y Su Iglesia vino a occidente, y tomando lo mejor de Jerusalén, Atenas y Roma, civilizó a paganos, gente tan violenta como los indios mesoamericanos.
Lo que hizo grande a España, lo que hizo grande a Alemania, lo que hizo grande a Francia, lo que hizo grande a Inglaterra, Holanda y al resto de Europa, no fueron paganos meramente blancos, fueron Cristianos.
Esa es la fuente y el fundamento de su grandeza, no solo de Europa, sino de toda la Civilización Occidental.
No se trata de un elemento racial, es mucho más profundo que eso, es espiritual: aquellos pueblos y naciones que verdaderamente abracen al Cristo Crucificado y como nación son cristianizadas, serán iluminadas, saldrán de las sombras y prosperarán en todas sus dimensiones: espiritual, económica, científica, política, etc.
Occidente no construyó el Cristianismo, fue el Cristianismo que construyó a Occidente. Y si lo olvida, se convertirá en lo que era antes de que Cristo lo iluminará: un vil y brutal pagano.
Sin Cristo no hay Europa ni las Américas.
Yo no le pierdo tiempo a Petro. Lo suyo siempre ha sido la confrontación.
Si una institución no le da la razón, la ataca, si una decisión no le favorece, la desconoce. Los colombianos ya saben quién es y qué representa.