La vida no avisa.
No llama antes de cambiarlo todo ni espera a que estés preparado.
Por eso duele cuando se va tan rápido y parece tan injusta.
Por eso hay que vivir los momentos como si fueran únicos,
porque lo son.
No guardar abrazos para mañana,
no enfadarse por tonterías que no importarán dentro de un rato,
no perder tiempo en silencios que podrían ser palabras.
Di gracias más veces de las que crees necesarias.
Perdona antes de que el orgullo te quite lo que sí importa.
Y, sobre todo, perdónate tú,
que bastante dura es ya la vida como para pelearte también contigo.
Porque al final,
lo único justo que tiene la vida
es que los momentos que se disfrutan de verdad
son los que se quedan para siempre.
Eterno respeto, admiración y gratitud a los que siempre se comen los marrones los primeros, solos, sin medios y en soledad
Los 4 voluntarios de protección civil
Los 2 Gciviles y/o policías locales de los pueblos
El médico y enfermera del centro de salud
Los 4 bomberos del pueblo
23 diciembre
Mi abuelo siempre decía: "La falta de ilusión es lo que más envejece; apaga el brillo de los ojos y borra la sonrisa de la cara. Conserva tu alegría y nunca te harás viejo por muchos años que cumplas".
Y tenía razón, así que sonríe y nunca pierdas la esperanza.
El tiempo no avisa.
Un día te despiertas y descubres que aquella canción ya es de hace diez años, que la ropa que tanto usabas duerme en un cajón y que las personas que creías eternas solo aparecen en fotos antiguas. Todo se mueve deprisa, como si alguien estuviera girando las páginas demasiado rápido.
Y ahí está la lección: no puedes detenerlo, pero sí elegir cómo vivirlo.
Quedarte un rato más en la mesa aunque el café se haya enfriado. Reírte tan fuerte que duela la barriga. Decir “te quiero” sin miedo al silencio de después. Guardar los mensajes bonitos y no las excusas.
La vida real —la emocionante— no está en los grandes logros que colgamos en redes, sino en los detalles que casi nadie presume: en la mano que te aprieta fuerte cuando tienes miedo, en la llamada inesperada que cambia un día entero, en esa mirada que vale más que cualquier discurso.
El tiempo pasará igual.
Lo único que puedes hacer es llenarlo de momentos que, cuando mires atrás, te hagan sonreír aunque ya no estés allí.
Ya que puedes elegir, elige la amabilidad, la buena educación, el ser y dejar ser. Elige amar y sonreír, agradecer y aportar. Elige hacer mejor y más feliz el pequeño mundo que te rodea. Así también mejora tu vida.