Playa, s��bado, calor de esos que derriten hasta la crema solar.
No éramos la única familia esa mañana. A pocos metros, un grupo de mujeres tomaba el sol en topless, tan tranquilas, hablando de sus cosas como si estuvieran en el salón de casa.
Mi hijo de seis años, que tiene un radar para detectar cualquier cosa fuera de lo común, me tiró de la manga.
"Papá, ¿por qué esa señora no lleva la parte de arriba?"
Empecé a explicarle, muy digno yo, lo de "aunque lo normal es llevar parte de arriba, cada uno elige cómo vestirse en la playa", con mi mejor tono de padre sereno y moderno.
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