Vivir rodeados del discurso de 'alcanzar el bienestar' nos hace creer que tener un mal día es estar mal. Pero incluso las personas que están bien tienen días negros, dudan, sufren, se frustran. La diferencia es que no se quedan ahí porque no se creen lo que piensan esos días.
Las ilusiones no se esperan. Se crean, se trabajan, se sostienen. A veces se caen. Pero se reconstruyen. Porque lo que te mueve no se encuentra, lo que te mueve se fabrica.