Caminar sin podcast. Comer sin teléfono. Esperar el café sin scrollear. Ahí es donde aparecen las únicas ideas que después vas a reconocer como tuyas. Aburrirse a propósito es de los actos creativos más raros que quedan.
«Basta mirar alrededor para comprobar que las consignas del pensamiento positivo cierran los ojos a muchas realidades inquietantes. Que no siempre el empeño recibe su recompensa. Que la precariedad nos aleja de nuestros sueños…».
@elespectador
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