hay algo hermoso acerca de tener amigos a largo plazo que fueron testigos de múltiples versiones tuyas y te amaron incondicionalmente a través de cada una
Borges dio en el clavo cuando dijo: “La amistad no necesita frecuencia. El amor sí”. Podés no ver a alguien durante mucho tiempo y, cuando te reencontrás, es como si nada hubiera cambiado. Ahí está la magia.