Ya no me digan que él perdió. Él no perdió nada. Perdí yo. Perdí el tiempo, las ganas, la calma; perdí yo al quererlo con todo lo que tenía, al entregarle partes de mí que no suelo darle a cualquiera, al quedarme incluso cuando algo dentro de mí ya sabía que debía irme.
Aprendí que: siempre debes de estar lista para estar sola. La gente puede cambiar en segundos: hoy puedes significar el mundo para alguien y mañana no ser nada así es la vida.