Gracias por permitirnos adquirir conocimientos en salud pública y que nos permitirán generar acciones a favor de la población de nuestro país @OPSOMS_Col@Uniandes@LuisFdoAlarconU
Felicitaciones al grupo de periodistas y comunicadores que se capacitaron con la @opsoms y la @Uniandes en Enfermedades no Transmisibles. La comunicación clara y oportuna contribuye a proteger vidas y prevenir enfermedades. Agradecemos su compromiso con la salud. @GinaTambini
Me encanta cómo, incluso en medio del dolor y las dudas de Rhaenyra, Daemon consigue hacerla reír, llevándola a esa fantasía grandiosa y desmesurada que siempre han compartido:
—Estoy triste. No sé si Westeros me aceptará como su reina.
—Bien, entonces tomaremos los dragones y conquistaremos Dorne, Essos, Yi Ti y todos los lugares de la tierra para hacerte emperatriz, Rhaenyra.
—¿Nos llamas saqueadores como a los piratas que nos asedian?
—Nos llamo dioses, Rhaenyra. Como siempre estuvimos destinados a ser.
#HouseOfTheDragon
La democracia no termina cuando se cuentan los votos. Empieza cuando aprendemos a convivir con ellos. La magnanimidad en la victoria y la dignidad en la diferencia son virtudes indispensables para construir un país para todos.
El presidente Petro debería aceptar los resultados electorales y dejar de incendiar el ambiente. La izquierda sacó una votación histórica y se posicionó como una fuerza política muy importante pero no ganó las elecciones. Aceptar estos resultados electorales es lo que debe hacer una izquierda democrática. La negativa a aceptar los resultados le entrega en bandeja de plata al abelardismo la defensa de la constitución y de la democracia.
Tengo un grupo de WhatsApp con amigas que se llama ‘A ver si nos reunimos’… la reunión es hoy, 8 años después. Quiero que sean conscientes @lalamontano83@MarialeCisneros
Hoy nos dejó Jürgen Habermas a los 96 años.
Dijo una vez: “La democracia no se sostiene solo con leyes o instituciones; vive de la participación de ciudadanos que discuten, que argumentan y que están dispuestos a escuchar razones mejores que las propias. Solo cuando el poder se somete al juicio público y a la fuerza del mejor argumento puede llamarse verdaderamente democrático.”
Habermas dedicó toda su obra a defender esa idea: que el diálogo racional es el corazón de la vida pública. Frente al cinismo y al ruido, creyó siempre en algo radicalmente simple: que hablar, razonar y entenderse sigue siendo la herramienta más poderosa de una sociedad libre.
Descansa en paz.
Como muchas personas, mi corazón está a la izquierda. Siempre he votado por alguna variación de ella. Mi forma de entender el mundo tiene raíces profundas tanto en el marxismo como en sus críticas desde la misma izquierda, de Camus a Orwell. Pero descubro que lo que me separa de la izquierda oficial —o al menos de su versión tuitera— es precisamente el corazón.
Porque soy de izquierda, mi primer impulso ante la caída de Maduro es una alegría visceral. No por quien la provocó —Trump no despierta en mí ninguna simpatía— sino por los millones de venezolanos que llevan años huyendo de una parodia grotesca del socialismo. Por las madres que no han visto crecer a sus hijos. Por los profesionales manejando Uber en Santiago. Por los que murieron cruzando el Darién.
La izquierda que conozco en Twitter piensa al revés: primero el antiimperialismo, después la soberanía, luego la no injerencia, y al final —si queda espacio— los venezolanos. Como si el principio de no intervención pesara más que los cuerpos torturados en El Helicoide. Como si los derechos humanos del tirano importaran más que los de sus víctimas.
Este reflejo automático se repite en cada crisis. En Cuba, la corrupción dinástica de los Castro siempre pesa menos que el embargo. Cuando las iraníes se quitan el velo y enfrentan a los mulás, la izquierda busca primero denunciar a la CIA. Cuando quemaron el metro en Santiago, había que entender la rabia antes que lamentar a la cajera que no pudo llegar a su trabajo. No importa que los mulás ejecuten homosexuales, que los muyahidines lapiden mujeres, que los Castro encarcelen poetas: si están contra Estados Unidos, merecen comprensión.
Entiendo el razonamiento. Conozco la historia de las intervenciones, los golpes de Estado, la Escuela de las Américas. Sé que Estados Unidos no regala nada y que Trump es un personaje siniestro. Pero lo que no puedo entender es la ausencia de emoción humana elemental. Esa frialdad doctrinaria que no se conmueve ante los videos de venezolanos llorando de alegría en las calles de Caracas. Que no siente nada ante las iraníes cortándose el pelo en señal de rebelión. Que siempre tiene un "pero" listo antes que un abrazo.
Preferiría, por supuesto, que los venezolanos hubieran derrocado solos a su tirano. Pero sé —porque la historia lo enseña— que pocas dictaduras caen sin alguna forma de presión internacional. La chilena no lo hizo. La argentina tampoco. La española menos. Y de todas las salidas posibles después del fraude brutal de julio, esta es de las menos sangrientas.
Hoy los venezolanos celebran. Las calles de Caracas se llenan de una esperanza que creíamos muerta. Y yo, que sigo siendo de izquierda precisamente porque creo en la dignidad humana antes que en las abstracciones geopolíticas, celebro con ellos.
Mañana habrá tiempo para analizar, criticar, contextualizar. Hoy, solo hoy, déjenme sentir esta alegría sin pedir permiso al manual del buen antiimperialista. Déjenme poner el corazón donde siempre debió estar la izquierda: del lado de la gente, no de los mapas.