una luz filtrada entre los árboles, el juego de reflejos en los edificios que iluminan a uno que otro transeúnte, un helado que se disuelve en mi boca mientras camino sin rumbo hasta que la noche se hace presente y las palomillas se reúnen en un faro de luz.
Extraño la pausa, la calma, la sensación de que el tiempo me atraviesa en el viento, la sombra que cambia mientas rodeo al sol, la cadencia de los sonidos que se deslizan y se disipan a mi lado al tiempo que mis huellas dactilares se enganchan a las briznas del pasto…
La tibieza en el lenguaje limita las acepciones y la compresión de nuestra realidad y por lo tanto, altera lo que comprendemos como realidad. Siento que hemos querido o nos han “enseñado” a suavizar, modificar o censurar tanto lo que queremos decir, con tal de no afectar al otro,
el filtro con el que se da una noticia, por ej, la censura de palabras, los términos inadecuados, crean un sesgo, una distorsión que termina devaluando el significado de la palabra, el peso del término, la gravedad de un asunto y eso está alterando nuestra percepción,