Tengo un chingo de trabajo, pero mejor voy a hacer una playlist que se llame: “Balada romántica moderna con alma setentera y ochentera pa’ tomar Bacachá en soledad”.
A quienes les indigna el boicot a un artículo, no les parece sin embargo indignante negar el genocidio y justificar el asesinato de civiles y de niños.
Solo las fuerzas políticas e intelectuales más descompuestas niegan el holocausto.
Solo las fuerzas políticas e intelectuales más degradadas pueden negar el genocidio en Palestina.
Intelectuales mexicanos negando que exista un genocidio contra el pueblo palestino. Mientras tanto Itamar Ben-Gvir, ministro de seguridad de Israel, diciendo que es momento de la aniquilación y devastación
¿Vale pena discutír un artículo que justifica la muerte de menores de edad y el sufrimiento de la población civil y que es negocionista de un genocidio?
La censura de los iluminados
La carta contra el artículo de Ezra Shabot en Nexos no es una refutación, sino un intento de sustituir el debate por la censura, usando tramposamente lenguaje jurídico inaplicable al caso.
Su primera trampa consiste en dar por probado lo que está en disputa. Habla del “genocidio que Israel ha perpetrado” como hecho consumado, cuando ni siquiera la Corte Internacional de Justicia ha dictado sentencia. Levantar todo el argumento sobre una premisa no resuelta es una falacia de petición de principio.
La segunda es más grave: secuestran el vocabulario del derecho. “Discurso de odio”, “reparación del daño”, “garantías de no repetición” son categorías con presupuestos técnicos precisos, y la carta no acredita ninguno. Las emplea como etiquetas de carga moral para disfrazar una decisión editorial de violación a los derechos humanos.
La tercera maniobra desnuda su propósito. Si el artículo fuera tan deficiente como sostienen, bastaría con refutarlo. En cambio exigen retirarlo y que Nexos se comprometa a no publicar opiniones semejantes: abandonan el terreno de las razones para imponer un criterio de exclusión.
Esta es una contradicción flagrante. Invocan los valores de una comunidad intelectual y, ante una opinión que les incomoda, reclaman menos discusión en lugar de más, menos espacio para quien piensa distinto en vez de mejores argumentos. Eso no defiende el debate público: lo mutila.
Además se arrogan una autoridad que no poseen. Subrayan que han colaborado con Nexos, como si ello les confiriera un cargo. Haber publicado en un medio no convierte a nadie en propietario, director ni custodio de su línea editorial. Su condición de colaboradores les da pleno derecho a opinar, jamás la facultad de dictar qué se publica.
Tenían una salida coherente con la libertad que dicen defender: dejar de colaborar y explicar públicamente por qué. Optaron por otra cosa: exigir que la revista adopte la línea que ellos aprueban, y presentar esa exigencia como si emanara del derecho internacional.
En el fondo, la carta no prueba que Shabot incurriera en discurso de odio, ni que Nexos causara un daño jurídicamente reparable, ni que exista obligación alguna de retirar el texto. Reemplaza el razonamiento por una hilera de etiquetas condenatorias y le traslada al director la carga de justificar una libertad que, en una sociedad abierta, le corresponde ejercer a él.
Una comunidad intelectual responde a las ideas con mejores ideas. Cuando en su lugar invoca expresiones jurídicas fuera de contexto para expulsar del debate una opinión incómoda, abandona la crítica y cae en la intimidación moral maquillada de argumento.
No son intelectuales, son intelligentsia al servicio de la peor causa: censurar y silenciar a quien opina distinto. La tolerancia ilimitada acaba con la tolerancia, y nadie está obligado a tolerar a quien responde a los argumentos con la mordaza. Una cosa es discrepar de un medio y marcharse; otra, exigir que expulse al que piensa distinto. Nexos ganaría si quienes hacen de la censura su bandera se largaran para no volver.
@ezshabot@maca_online En Gaza matan a niños Palestinos nada más porque son niños y se anteponen a su proyecto justificado por delirios religiosos de una Israel grande
En Querétaro vive más gente de ‘fueras’ que de Querétaro. O son queretanos de padres de fuera.
En los ochentas, era común escucharlos quejarse de nuestra ciudad y de la comida.
Hace mucho no escuchaba un reclamo de un chilango:
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De los siete u ocho jóvenes que semanas atrás partieron muy animados a trabajar a Puerto Vallarta sólo su hijo y otro joven regresaron con vida. El resto fue asesinado en aquel lugar y sus cuerpos fueron destruidos o comidos parcialmente siguiendo una regla brutal que se les hacía aprender y repetir como letanía a todos los reclutas en ese entonces, según supo por su propio hijo: “sin cuerpo, no hay delito”.
De Jorge Ramírez (@joraplas):
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