Hoy me voy a meter en otro charco.
La actual situación que enfrentamos respecto a incendios forestales está muy influenciada por la gran acumulación de biomasa en el bosque y por el cambio climático pero hay un tercer motivo del que no se habla y también es muy determinante:
El 4 de abril de 2018, a las 10.27 de la mañana, publiqué una pieza que se llamaba 'Niñas de día, putas de noche'. Desde ese día, cada día, ese artículo está entre mis artículos que más personas están leyendo. ¿Y sabéis por qué? 👇🏾
Decenas de madres y padres se enfrentan a situaciones como esta a diario.
¿Qué hago si en un grupo de WhatsApp de menores en el que está mi hijo se comparte este tipo de burradas?
Arrojemos luz:
Este hombre se llama Mohamed Bzeek, vive en California y esa niña que tiene en brazos murió pocos días después de que le hicieran la foto, también en sus brazos. No era su hija. Era uno de los diez niños que han muerto bajo su cuidado. Porque Bzeek es padre de acogida y solo acoge a niños en estado terminal, para que no mueran solos.
Nació en Trípoli en 1954, antes de irse de Libia corría maratones. En 1978 entró en Estados Unidos con un visado de estudiante y allí se quedó. Vive en Azusa, una de esas localidades del extrarradio de Los Ángeles por donde circulan camiones y donde las casas tienen una pinta genérica, agrupadas sin llamar la atención.
En 1989 conoció a Dawn Rowe, que ya era madre de acogida desde principios de los ochenta, se casaron y empezaron a acoger juntos. En 1995 tomaron la decisión de dedicarse exclusivamente a niños con enfermedades terminales, los que nadie quería.
Me pregunto cómo fue ese momento exacto en que dos personas se sientan en una cocina y deciden que van a abrir su casa a los niños que se mueren, y en cómo esa decisión se toma, sin actas, sin nada que la registre, y sin embargo organiza el resto de una vida.
La primera niña que murió en su casa tenía un año, espina bífida, parte de la columna le crecía fuera de la piel. Murió el 4 de julio de 1991, mientras Mohamed se duchaba y Dawn preparaba la cena, él recuerda haber salido del baño y haber encontrado médicos en su salón. Lloró tres días.
Desde entonces ha acogido a unos ochenta niños, diez han muerto en sus brazos. El condado de Los Ángeles, cuatro millones de habitantes, lo llama cuando no hay nadie más. Lo llaman el padre de último recurso.
Muchos llegan sin nombre, nacen en hospitales y los abandonan, las familias no los nombran y en el papel pone "Baby boy", "Baby girl". Mohamed los nombra, les pone un nombre antes de que mueran.
Un nombre es gratis, cuatro sílabas, pero ese gesto, cuando se pone el nombre, decide si un niño que vivirá tres semanas existirá como persona o como registro administrativo.
Su hijo biológico, Adam, nació con osteogénesis imperfecta y enanismo, se ha roto casi todos los huesos del cuerpo. Dawn murió en 2015 de una enfermedad pulmonar y desde entonces Mohamed sigue solo, solo puede ocuparse de un niño a la vez. Cuando un periodista del Los Angeles Times entró en su casa en 2017 cuidaba de una niña de seis años con microcefalia, ciega, sorda, pies zambos, caderas dislocadas, no movía brazos ni piernas, tenía convulsiones. La había recibido con siete semanas de vida y le habían dicho que viviría unos meses. La sostenía durante las convulsiones y le hablaba aunque no oyera.
Sé que no puede oír, sé que no puede ver, pero le hablo, tiene sentimientos, es un ser humano.
En 2016, a Bzeek le diagnosticaron cáncer de colon, le pidió tiempo al médico, no puedo operarme todavía, tengo a un niño en casa que es terminal y tengo a mi hijo, que es discapacitado, no hay nadie más para ellos. En el hospital, ingresado, solo, dijo que por primera vez entendió lo que sentían los niños que cuidaba. Si yo a esta edad estoy asustado, cómo estarán ellos. Se operó y siguió.
Bzeek es musulmán practicante. Su historia se hizo internacional en febrero de 2017, justo cuando Trump firmó la orden ejecutiva que vetaba la entrada en Estados Unidos a ciudadanos de siete países de mayoría musulmana, Libia era uno de ellos. Ese mismo mes, en Azusa, el único padre de acogida de toda la ciudad de Los Ángeles dispuesto a llevarse a casa a los niños terminales era un libio musulmán.
Aunque mi corazón se rompa, dijo una vez, la muerte es parte de la vida, estoy con ellos hasta el final, los conforto, los quiero, quiero que sientan que tienen una familia, que tienen a alguien. Que no están solos.
Las 165 niñas que ha matado el Ejército de los EEUU.
Ya, es incómodo. Desagradable. Molesto. Es más fácil llenarse la boca con simplezas sobre los Ayatollahs y andar borracha en Teherán.
Pero la guerra, esta guerra, es esto.
Su nombre era Hind Rajab y tenía 5 años. Atrapado en un coche durante 48 horas, rodeado de tanques israelíes, pidiendo ayuda.
La ejecutaron con 350 balas y mataron a cinco miembros de su familia. Este es un crimen de guerra contra un niño.
Otra cosa súper guay de este país es que un adulto pueda estar acosando durante años a una niña y que la solución, en vez de encarcelarlo, sea que la niña viva en permanente estado de terror teniendo que ser escoltada en su día a día por dos policías. Se queda una más tranquila.
Se llamaba Roberto, Pablo o Antonio.
Yo era residente de tercer año.
Él un chaval de dieciocho tumbado en una cama por un cáncer en progresión.
- Quiero celebrar #SanValentín colega - dijo.
Devolví una sonrisa estúpida como el que no sabe sumar dos más dos.
Me han pedido que dibuje también mujeres en la ciencia. Ella es Eva Ramón Gallegos, una científica mexicana que consiguió eliminar el virus del papiloma humano(vph)en 29 mujeres en México. El VPH es responsable de diversos cánceres en mujeres. Una gran y esperanzadora noticia ❤️
Es curioso que haya tanta gente diciendo que el dibujo es suyo y esté aquí en mi casa 🤣🤣🤣Pero no por mucho tiempo porque si hay suerte se va pronto con el doctor Mariano Barbacid. ❤️🥰❤️
“Profesor Duchement, hay un vídeo íntimo de mi hija de 13 años extendiéndose como la pólvora por su instituto. Solicité actuación al centro, pero me responde que, si lo ha mandado ella, no pueden hacer nada. No sé qué hacer”.
Tenemos nuevo #CasoDeInformáticaForense.
¿Creéis que vuestro casero es chungo?
Pues en la Irlanda del XIX hubo un casero TAN CHUNGO que su apellido se convirtió en un verbo que significa "Impedir o entorpecer la realización de un acto como medio de presión para conseguir algo".
Os lo cuento en #LaBrasaTorrijos
🧵⤵️
⚠️Madre toxicómana
⚠️Viviendo en “piso patera”
⚠️Con pareja
⚠️Niño de 4 años
⚠️Madre y padrastro, ambos, historial de detenciones por maltratarlo
⚠️Él, con orden de alejamiento por violencia de género que ninguno de los dos hacía valer
⚠️Las instituciones, presuntamente al tanto
Lo de que las estaciones del metro de Estocolmo son preciosas es algo digno de comprobarse in situ.
Pero también esconden una historia. Una historia de amor por los servicios públicos, por las infraestructuras públicas, por la gente que las construye y por la gente que las usa cada día:
La historia empieza, como empiezan casi todas las historias buenas de ciudades nórdicas, en la roca. Ni en el hormigón ni en el hormigón revestido de hormigón —que es la tentación internacional—, sino en la roca viva, la roca madre, el granito glacial que hace de Estocolmo una ciudad con vértebras de hielo fósil.
Cuando a mediados del siglo XX decidieron construir su red de metro, optaron por la solución más directa, casi geológica: excavar, dinamitar, abrir la montaña e insertar trenes. Y en algún momento de esa operación de ingeniería a mano armada surgió una pregunta casi infantil, tan evidente y, a la vez, tan peculiar que era muy raro que alguien se la preguntase: ¿y si dejamos la roca vista?
La respuesta tiene que ver con estética, sí, pero también con política y con época. Tras la Segunda Guerra Mundial, Suecia —como buena parte del norte de Europa— estaba articulando un nuevo pacto social: bienestar público, accesibilidad, democracia cotidiana.
Uno de los engranajes de ese pacto era la convicción tranquila, pero tenaz, de que el arte no debía ser un lujo sino un derecho. Así que, si el metro iba a convertirse en el gran espacio público donde cientos de miles de personas bajarían cada día, ¿por qué no convertirlo también en un lugar donde el arte descendiese con ellas? Un soporte para democratizar la belleza, para hacer país desde el subsuelo.
Esa respuesta convirtió al metro de Estocolmo en la frase con la que lo definen: la galería de arte más larga del mundo. Algo que va más allá del eslogan turístico; es una decisión conceptual. Si vas a perforar la ciudad, abraza sus entrañas. Si vas a mover a tanta gente bajo la tierra, ofréceles algo más que azulejos blancos y tubos fluorescentes.
Haz país. Haz estética. Haz política blanda —que es la mejor política—.
"Los abusos sexuales a niños son un cuento".
Hablando sobre estadísticas de abuso, el novio de una amiga me ha dicho eso, que son un "invento" para sacar "pagas" 🙄
Sé que esto no es relevante, pero ¿Me respondéis 3 cuestiones?
1 - ¿Has sufrido Abuso Sexual Infantil?:
En Berlín, hay un puente en el que dos luces juegan al piedra-papel-tijera durante toda la noche.
Y no lo hacen por jugar, sino por recordar una vieja historia berlinesa.
Jugad conmigo en este hilo de #berlinespobreperosexi