A veces toca dejar de ser la persona buena que todos esperan y convertirse en la persona firme que la situación necesita. No siempre la distancia nace de la falta de amor; a veces nace de entender que quedarse siendo el mismo solo alimentaría un apego que ya debía terminar.
Oración por la valentía de soñar en grande:
Dios mío, he soñado pequeño para no sentir el vértigo de las renuncias. Me da miedo el éxito y el precio que cobra. Hoy te pido el coraje de soñar hasta que me tiemblen las piernas. Quita de mí la cobardía que disfrazo de prudencia. Dame las agallas para pagar lo que cuesta convertirme en quien me llamaste a ser. Que mis sueños no me quepan en la zona cómoda. Alimenta tanto mi visión que mis miedos se mueran de hambre. No quiero llegar al final preguntándome qué habría pasado si me atrevía.
Inquebrantable soy en tu nombre.
Amén.
Las conversaciones que no se resuelven, se reciclan. Se repiten con otro tema, en otro tono, pero con la misma raíz. Por eso, hablar de lo incómodo es también una manera de amar.
El tiempo que se invierte en discutir bien, se gana después en tranquilidad. Porque una conversación que se cierra con respeto evita veinte que se abrirán con reclamo. Resolver ahora evita gritar mañana.
Solo sé que cuando Dios ordena, nuestros propios planes se vuelven un estorbo. Y al final, somos nosotros mismos quienes cargamos con la conciencia de haber ignorado lo que el Señor estaba mostrando.