Abrir la puerta y dejar pasar lo bueno. Abrir los brazos y abrazar a la gente que sí. Abrir el corazón y brindar con quien nos lo hace latir. Con quien nos hace bien.
Toparme con gente mala me enseñó que la gente buena se merece cosas buenas. Hay que inclinar la balanza. Si no se puede eliminar a la gente mala de este mundo, hay que hacer que la gente buena siga siéndolo. Debemos crear un mundo donde la gente buena no se arrepienta de serlo.