Mi momento más maduro ha sido aprender a amar el desapego. Si alguien me acompaña, está bien, si no, también. Si alguien quiere hablar conmigo, lo valoro, si no, lo respeto. Cero apegos, mucho amor para quienes me rodean, pero sin expectativas ni obligaciones.
Soy tan transparente que se me nota todo, cuando me quiero ir de un lugar, cuando alguien me cae mal, cuando estoy triste, juro que es algo que no lo puedo evitar.
En cirugía, el instrumentador siempre debe estar un paso adelante… aunque el cirujano cambie la técnica quirúrgica en el último minuto y pida una pinza que “obviamente” tenía que estar ok, como si uno también trajera una bolita mágica en el bolsillo para adivinar lo que pensaba.