Durante años intenté caerle bien a todo el mundo.
Opiniones suaves.
Respuestas cuidadosas.
Siempre diplomático.
Evitaba incomodar.
Evitaba conflictos.
Evitaba decir lo que pensaba.
Funcionó.
Le caía bien a todos.
Pero algo extraño pasaba:
Nadie me respetaba demasiado.
El día que empecé a decir “no”,
algunos se alejaron.
Otros cambiaron su trato.
Aprendí algo incómodo:
La amabilidad sin carácter
se percibe como debilidad.
Seguidor atento
Es mentira eso de que las personas no cambian, yo tuve actitudes feas en el pasado que ya no las pienso repetir, crecí, maduré y hoy veo la cosas de otra forma. Sí, tal vez me equivoqué mucha veces pero intento mejorar día a día. Quien no cambia es porque no quiere.