Si tomo el control de mi vida no es porque me considere un gran autor, pero he leído las historias que crea el destino y estoy convencido de que yo escribo mejor.
Me asusta el hecho que hoy en día muchas personas viven mirando hacia atrás. Que el pasado, por el simple hecho de ser inalcanzable, termine pareciéndoles más valioso que el presente. Y que, por aferrarse a lo que ya no existe, sean incapaces de reconocer lo que sí.
Me emociona el arte que cuestiona la idea de ficción; que entiende que en los libros y las películas no hay verdades, sino impresiones deformes de un mundo que no somos capaces de entender.
A veces escalo montañas, a veces me tropiezo con un escalón. No me queda más que refugiarme en lo profundo de un recuerdo.
Así que dime, cuando me miras a los ojos qué es lo que ves: ¿al gigante o al enano?
o quizá, si tengo suerte, a un simple ser humano.
Los soñadores esperan que las cosas sucedan. Los que tenemos metas las hacemos realidad. Yo no soy un espectador pasivo, soy un jugador activo en el juego de la vida.
Te debo toda mi infancia, Akira Toriyama. Gracias por enseñarme que el guerrero más débil ante la sociedad, se puede convertir en el más grande por su fuerza de voluntad.
Anoche, en el insomnio, te pensé y al instante comenzaron a brotar palabras llenas de ti.
No quise escribirlas para no atarte, solo pudiste existir ahí; entre el sueño y el ahora.
Eres la reencarnación de la palabra deseo.
Yo no me sé rendir, y si la lógica me amenaza diciéndome que ya no podré soportar una herida más, pues mi corazón le ha de explicar a la razón que solo tengo una vida y no tengo otra para volverlo a intentar.
Soy lo que soy: hombre de idéntico temple en corazón heroico. Débil por el tiempo, mas fuerte por voluntad; para luchar, hallar, descubrir y no rendirse.
Diciembre, por favor, dale suave, que en ese 5 para las 12:00 AM, alzaré mi copa en honor a esos momentos vividos con cada persona que se quedarán junto al 2023.