El exceso de prudencia ahoga porque es también exceso de estructura y le da mucho lugar al pensamiento intrusivo. Gran parte de la emoción habita en la adrenalina. Como cuando María Lezo escribe: caminando siempre por la orilla uno no se ahoga, pero nunca nada. Nada. Nunca.
Mi abuela una vez había metido absolutamente todas las macetas en su dormitorio, cuando mi viejo le preguntó el motivo ella dijo que había escuchado que mi primo fumaba flores y que ella cuidaba mucho los geranios como para que ese parásito se los fume pudiendo fumar Marlboro.