Tomás Mazza contó que tiene depresión y recibió comentarios como “probá con trabajar”, “tráiganle una pollera” o “generación de papel”.
Tiene millones de seguidores jóvenes que vieron que se animó a hablar y cómo lo “descansaron” por hacerlo.
En Argentina, casi 8 de cada 10 muertes por suicidio son de varones. Después nos preguntamos por qué les cuesta tanto hablar.
Milei hizo algo obsceno para la tradición política argentina: PROMETIÓ Y CUMPLIÓ. Dijo motosierra. Hubo motosierra. Dijo déficit cero. Alcanzó el equilibrio fiscal. Dijo que iba a bajar la inflación. La bajó. Dijo que iba a limpiar el Banco Central. Lo hizo. Dijo que iba a desregular. Llegaron miles de desregulaciones. Dijo que iba a bajar impuestos. Los bajó. Dijo que iba a combatir a la casta. Y fue contra una de sus criaturas más miserables: los gerentes de la pobreza, tipos que durante años hicieron de la necesidad ajena una caja y de los pobres una clientela. Dijo que iba a reducir la pobreza y la indigencia. Ambas cayeron. Y esto, en Argentina, es casi una anomalía. Durante décadas nos acostumbraron exactamente a lo contrario. Este país pasó demasiados años leyendo novelas de mierda escritas por políticos. En campaña eran García Márquez: mariposas amarillas, justicia social, derechos para todos y un país maravilloso esperándonos a la vuelta de la esquina. Después ganaban y el realismo mágico se convertía en realismo argentino: déficit, inflación, impuestos, pobreza y cuatro años más viendo cómo la realidad hacía mierda la literatura. Por eso yo lo veo mucho más simple. Javier Milei ya no es solamente un presidente que me cuenta lo que quiere hacer. Ahora puedo mirar lo que hizo. Y arriba de la mesa encuentro algo que pesa bastante más que cualquier discurso: DATOS. HECHOS. RESULTADOS. Antes había promesas. Hoy hay una gestión que puede ser medida. Y eso cambia todo. Porque chamuyar un futuro maravilloso es facilísimo. Cualquier hijo de vecino escribe una contratapa. El problema es escribir después las quinientas páginas y bancarse cada palabra que pusiste en la tapa. Eso es lo que yo miro. Eso es lo que entendí. Y ese es el modelo que quiero seguir votando.
En 2027 no necesito que aparezca otro escritor de ciencia ficción en la Casa Rosada prometiéndome el paraíso con la billetera de otro. Necesito algo bastante menos romántico y mucho más argentino: sentido común. Si votaste a un tipo para cambiar el rumbo, cambió el rumbo, hizo aquello que prometió y tiene resultados para mostrar, no lo reemplazás por los mismos que vuelven con una novela nueva abajo del brazo. Lo volvés a votar.