No hay nada más desagradable que el pote de salsa en los puestos de fritos. Siempre hay alguien ahí, echándole salsa a cada bocado y pegando la cuchara directo a la empanada ya mordida. Qué necesidad 😩🤢
Incluso lo sencillo, al terminar, deja algo de melancolía. No porque haya sido especial, sino porque ya era parte de la rutina, algo a lo que uno se había aferrado sin darse cuenta.