LA NOCHE DEL CORAZÓN – POR @marcelo_percia para La Tecl@ Eñe. No se habla sobre el amigo, sino que se sigue hablando con él. Eso hace Vicente Zito Lema en su novela póstuma Fuegos Mentales.
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Darse tiempo.
Darse lo que no se tiene, lo que no se puede, lo que no se sabe.
Darse el no tener, el no poder, el no saber.
Darse incluso la imposibilidad, la íntima confidencia de una vida posible.
Para pensar la crueldad se necesita recordar dos cosas que supimos en la pandemia: la población del planeta puede desaparecer y las lógicas capitalistas están más preparadas para sacrificar y destruir que para cuidar.
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No ahora, cuando las elecciones pasen, habrá que volver a pensar qué está ocurriendo en una época en la que poblaciones devastadas ilusionan la protección de lo que las daña.
Vidas ultrajadas sienten sus carencias como falta personal. Necesidades de cuidado como algo inmerecido o como debilidad que humilla.
Autoayudas enseñan a no pedir ayuda.
Descreen de una mano extendida, de una palabra que llega justa, del don de la acogida, de la hospitalidad.
"Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa".
Alejandra Pizarnik
Llamamos clínica al tiempo y la oportunidad de pensar en lo que nos está pasando.
Siempre y cuando eso que nos pasa dé que pensar y no se consuma como espectáculo, escena de autocompasión, humillación de sí, exhibición de culpas, justificación o íntimo deleite en el desencanto.
Sentimos tanto que no alcanzan mil noches para pensar lo que nos pasa, para nombrar lo que se escabulle en los pliegues de un silencio, para dar tiempo al golpe que aturde.
Clínicas intentan lo que no se puede: traducir lo intraducible. Subtitular el habla extraña de los afectos.