Hacía mucho tiempo que no leía una meada tan grande y con tanta altura como este texto que @estebanschmidt le dedicó al desprolijo de @madorni
Llegó crudo a los más alto y perdió enseguida
De mendigo a millonario en dos años es algo que no se tolera ni siquiera acá, tierra de oportunidades para aventureros.
Por Esteban Schmidt
"A la Jefatura de Gabinete se llega siendo millonario, no en medio del trámite; y con cicatrices, habiendo pasado algunas veces del honor al horror, de la luz a la vergüenza. Se llega con los hijos entrenados en el arte de la simulación, y no aprendiendo de golpe, un domingo a la noche, las nuevas rutinas que no se pueden contar el lunes en la escuela.
El mileísmo, un emprendimiento único y aluvional, excepcional, delirante, le tiró encima a Manuel Adorni, un argentino del montón, un cargo para el que le falta mucha sopa, y al que sólo había aplicado con dosis monumentales de alcahuetería sobre otra amateur, Karina, una buscavidas egoísta y corta, con menos política que la revista Anteojito. Todo esto junto era un muy mal pronóstico para lidiar con profesionales del poder y de la injuria.
Y Manuel las quiso todas: mantener a los nenes en el mismo colegio, mantener a la misma mujer, que la mujer funcionara de colectora de ingresos, hacerse millonario, poronguear a los periodistas de la sala de prensa y usar el nombre de Dios en vano. Y todas no se pueden.
Así que la última rueda de vitalidad, con fotos y movimiento de expedientes, que hizo esta semana deja ver el cadáver animado de un resentido que llegó a destino, pero muerto: el canto del cisne, el lento embalsamamiento del que quiso ser —y fue—, y que, como una mariposa, se desesperó por el fuego pensando que era el sol de la mañana y ya se extingue.
Cuando parece que zafás para el campeonato resulta que te estás cagando la vida.
Lo que sigue, normalmente, es el gran acuerdo parasitario que se les ofrece a los que no pueden seguir —por causas naturales o judiciales— para acompañar la deriva de un gobierno: callados y desde la banquina, guardando los secretos hasta la tumba del que entierren primero. Es difícil mantener a un enriquecido ilícito en el gobierno mientras la inflación se le caga de risa al presidente, los trabajos formales se destruyen, no cabe un Uber más rodando por Callao y, para el Mundial, falta un montón.
El caso Adorni escaló con gran velocidad: unió a la prensa adicta y a la contrera, encontró jueces y fiscales trabajando las 24 horas y, desde adentro del gobierno, no cesó la predisposición a perjudicarlo. Un verdadero chivo expiatorio que, además, tiene la misión inesperada de cortinear un caso de corrupción más grande, el de Libra, y que toca la puerta de los hermanos a cargo del Ejecutivo. Hoy es el principal incentivo para dilatar su caída.
Nuestro Estado subdesarrollado, con instituciones pobres de carácter y ética, es un escenario donde pequeñas y grandes decisiones que dependen de una firma hacen millonario al que está ahí afuera vendiendo café para los ministerios o resmas de papel. Y, sori el cinismo, es ridículo, realmente, que el funcionario interviniente no se comisione en este formato. Es demasiado fácil hacerlo, a veces hasta obligatorio, porque las valijas, para que circulen por abajo, tienen que subir, y el inframundo estatal puede dejar de funcionar si se rompe esa cadena. Y, normalmente, no jode a nadie.
Bien dijo Adorni, en su conferencia de prensa antológica sobre la designación del periodista Marcelo Grandío en ATC, el hombre de la dádiva que proveyó el charter a Punta del Este: “Te puede gustar más o menos, pero tiene su trayectoria”. O sea: impuso una arbitrariedad con el mínimo respaldo curricular necesario para guardar las apariencias, y como único criterio. En cargos como el suyo, hacés lo que se te canta, y la comisión queda latente, sin documentación, a la espera de ser cobrada por aire, tierra o mar
@NaranjoEnFluor que virus de mierda este del Beltrán etc. todos pelotudos hablando a cámara como si fueran políticos de carrera.
Uno más boludo que el siguiente.