Escribí sobre la nefasta noche de anoche y la actualidad de Racing. Es al otro día y sin gritos, yo no tengo la culpa de que caiga en domingo a esta hora.
https://t.co/tVsoWtAe5q
La derrota de ayer no puede analizarse desde un solo lugar. #Racing perdió porque cometió errores puntuales que terminaron siendo determinantes: regaló dos goles y defendió muy mal en otro. Fue un partido que, lamentablemente, ya vimos demasiadas veces.
Ahora bien, eso no exime de responsabilidades a la dirigencia ni a la Secretaría Técnica. Si un jugador no quiere continuar o aparece una oferta que representa una gran oportunidad económica para el club, vender puede ser una decisión lógica. El problema surge cuando esas salidas no son reemplazadas por futbolistas de la misma jerarquía. El mercado de pases fue insuficiente y quedaron puestos que debieron reforzarse.
También creo que hay que separar las cosas. ¿Es prematuro insultar a Diego Milito a 18 meses del comienzo de su gestión? La histeria permanente que rodea al fútbol argentino tampoco ayuda. Pero también es cierto que el propio Milito elevó las expectativas cuando habló de un "salto de calidad", y esa promesa inevitablemente se convirtió en la vara con la que hoy muchos hinchas evaluamos su gestión.
Lo que ocurrió ayer fue distinto. Los errores futbolísticos ya eran conocidos; lo novedoso fue escuchar a gran parte de la cancha insultando al presidente en apenas la tercera fecha del torneo. Eso refleja un clima político completamente deteriorado.
Y ese clima también es responsabilidad de la conducción del club. No solo por algunas decisiones deportivas, sino por la falta de una comunicación clara con el socio. Si el proyecto institucional pasa por priorizar la finalización del predio de Ezeiza o cuidar las finanzas reduciendo las inversiones en el mercado de pases, es una decisión absolutamente válida. Pero el socio tiene derecho a saberlo.
La dirigencia debe explicar con claridad cuál es el rumbo, cuáles son las prioridades y qué consecuencias deportivas puede tener ese camino. Si el objetivo es atravesar uno o dos mercados de pases con menos inversión para consolidar un proyecto institucional, el hincha merece conocerlo. Puede estar de acuerdo o no, pero al menos sabrá qué esperar. Lo que no puede pasar es que existan grises. Cuando no hay un mensaje claro, el vacío termina llenándose de incertidumbre, enojo y especulaciones.
También creo que es importante entender que una gestión no debería evaluarse únicamente por lo que hace el equipo. Es lógico que para muchos hinchas lo futbolístico sea lo más importante, porque #Racing vive principalmente de sus resultados deportivos. Pero #Racing también es sus predios, sus sedes, sus instalaciones, sus deportes amateurs, las obras y el patrimonio que se construye pensando en el futuro. Todo eso también forma parte del club. Justamente por eso es tan importante que exista un rumbo claro y una comunicación transparente: para que el socio sepa cuáles son las prioridades, comprenda por qué se toman determinadas decisiones y pueda evaluar la gestión en su conjunto, y no solamente por el resultado de un partido.
Se puede estar de acuerdo o no con las decisiones de esta gestión. Se pueden discutir los refuerzos, las ventas, las promesas de campaña o el rumbo deportivo. Todo eso forma parte del debate lógico en un club.
Lo que me parece un límite difícil de cruzar es el insulto. Y sostengo exactamente la misma postura que tenía cuando algunos hinchas insultaban a Víctor Blanco. Mi opinión no cambia según quién ocupe la presidencia. La exigencia permanente me parece sana y necesaria; de hecho, creo que #Racing debe tener siempre la vara alta. Exigir, cuestionar y reclamar forma parte de la vida del club. Lo que no comparto es la falta de respeto.
#Racing hoy está desunido. Y sería injusto cargar esa responsabilidad sobre un solo sector: esta división fue alimentada tanto por los que estuvieron antes como por los que están ahora. Cada uno, en mayor o menor medida, contribuyó a que el clima político llegara a este punto.