Encontramos a Insaurralde.
Hasta hoy iba 3 veces por semana a una oficina vinculada a ALEARA, el sindicato del juego.
Vio la cámara, se tapó la cara como un delincuente y huyó como un cobarde.
Aún después de conocerse los videos con el vestidor repleto de dólares, decidió seguir activo en el mundo del juego.
Debería estar preso.
Se llama IMPUNIDAD.
La justicia argentina da asco.