Esto que voy a contar lo viví yo anoche. En mi calle, vive una familia marroquí. Tienen una hija de unos 25 años y ayer su padre la echó de casa. Se montó un buen escándalo. ¿El pecado de la chica? Viste como las jóvenes occidentales. Ayer —debió ser la gota que colmó el vaso— llevaba minifalda. Y, por supuesto, nada de velo. A simple vista, es una chica más.
Es decir, no es diversa. No quiere ser multicultural: quiere ser monocultural y comprarse vestidos en Zara. Quiere llevar el pelo a la vista y quiere que tú no sepas que es árabe y musulmana. Quiere vivir plenamente integrada.
Al menos esta noche, yo doy fe de que no ha dormido en su casa. Ha querido ser un ejemplo de integración —quiere ser indistinguible de una chica de su edad que vive en España—, pero no lo consigue. Y nadie defiende su causa. Al parecer, el neandertal de su padre es el auténticamente diverso. Un tipo que quiere que nuestra sociedad retroceda cien años es el «ejemplo de integración» que tanto se alaba por ahí.
Y no. Si la multiculturalidad es que una chica joven no pueda llevar minifalda si lo desea, yo la rechazo y afirmo que el progresista soy yo: quiero el progreso, no el retroceso.
@luisitosmc Esta chica en los 90 hubiera sido el lápiz menos afilado del estuche en mi clase, las malotas se la habrían comido en el primer recreo del curso
@JaimeBN1987 Si yo fuera valenciano de Utiel, Catarroja y demás pueblos afectados por la Dana, ahora mismo estaría en Moncloa con una lata de gasolina y un mechero.