Es curioso como a medida que va pasando el tiempo y nos hacemos más viejos, solemos preguntarnos si los recuerdos que conservamos realmente ocurrieron o es moldeado por la nostalgia.
Volver al principio, a la luz antes de los recuerdos, a ese instante en que el mundo todavía no me pesaba,
y aprender otra vez a llegar,
como si cada mañana fuera una primera vez, como si aún quedara una versión de mí que no tuviera que desaparecer para poder quedarse.
Quiero que alguien me diga que todo va a estar bien,
que se lleve el ruido, las habitaciones donde aún me encuentro,
los nombres que ya no sé pronunciar sin temblar.
Quiero olvidar la forma exacta de ciertas heridas,
no para borrarme, sino para dejar de vivir dentro de ellas.
Maestra del disfraz; nadie notó lo rota y desconsolada que estaba ella allí.
Todos la vieron sonriendo, jugando, como la persona alegre que fue, pero la realidad en el encierro era otra.
¿Y si fui un accidente, si fui una nota escrita al margen? -Déjame desaparecer de la página por un momento, como un recuerdo que se desvanece bajo la nieve, bajo la lluvia, en silencio; como una fotografía olvidando lentamente a quien retrata.