Yo tenía un vecino que casi todos los sábados a la noche hacía fiesta en su departamento y ponía la música fuerte. A mí mucho no me molestaba, pero a la vez tenía otra vecina que era muy tisquimisquis y como yo era el presidente del Consejo de Propietarios me tocaba el timbre a mí para que yo fuera a decirles que bajaran el chingui chingui. Entonces yo iba y los tipos bajaban el chingui chingui. Así todos los sábados, así que les pregunté "Muchachos, ¿por qué no ponen un poco más bajo la música desde el principio y nos evitamos esto?"
Resulta que uno de los juegos de la fiesta era adivinar a qué hora llegaba el pelado del consorcio a pedir que bajaran la música.