So,
so you think you can tell
Heaven from Hell,
blue skies from pain
Can you tell a green field
from a cold steel rail?
A smile from a veil?
Do you think you can tell?
Did they get you to trade
your heroes for ghosts?
Hot ashes for trees?
Hot air for a cool breeze?
Cold comfort for change?
Did you exchange
A walk-on part in the war
for a lead role in a cage?
How I wish,
how I wish you were here
We're just two lost souls swimming in a fishbowl,
year after year
Running over the same old ground
What have we found?
The same old fears
Wish you were here
¡Qué chinga más deliciosa!
Ruzzarin les bajó los humos a esos imberbes como barítono que sabe perfectamente cuándo la soprano se pasa de lista.
Natalia de tres clases de canto que apenas logra soltar una frase sin que se le escape un gallo espantoso en el agudo, pero igual se siente la diva suprema, la reina del bel canto, la que mira con lástima al coro plebeyo que “no entiende”.
Pura comedia barata: el elitista de turno proponiendo que el que no tiene maestría ni doctorado, el que vive en ranchos sin agua ni luz, el que amasa tortillas en comal de leña, no merece votar. ¡Como si la democracia fuera un conservatorio privado donde solo entran los que pagan la colegiatura y han tomado el cursito con @naattorres1
Ruzzarin les metió el espejo en toda la cara: la democracia no existe para que las minorías privilegiadas sigan cómodas, sino para que las mayorías jodidas transformen su miseria material. Uno, dos, tres, cuatro argumentos que caen como cachetadones bien puestos. No resuelve nada, no es democrático, no es original y, sobre todo, no es ejecutable en el México real, ese que duele y suda.
Es el mismo tufillo oligárquico de siempre, disfrazado de “conocimiento mínimo”. Y Ruzzarin, con esa sonrisa de quien ya vio el circo mil veces, lo desarma en tres minutos mientras la Diva de turno se queda con el gallo atragantado y el ego hecho trizas.
Pura delicia. Porque cuando la derecha rancia se pone a condicionar el poder del pueblo, se traiciona sola. Que les duela, que se atraganten con su propio elitismo y que sigan “aprendiendo”. El pueblo, mientras tanto, sigue cantando aunque sea ronco su propia historia. He dicho.
"Tu Dios es judío,
Tu música es negra,
Tu auto es japonés,
Tu pizza es italiana,
Tu gas es argelino,
Tu café es brasileño,
Tu democracia es griega,
Tus números son árabes, tus letras son latinas
Soy tu vecino Y todavía me llamas extranjero?".
"El cazador de historias", Eduardo Galeano