LA DESTITUCIÓN DE MILEI SE TORNA NECESARIA .
Javier Milei construyó gran parte de su discurso descalificando a quienes hoy integran o influyen en su propio gobierno.
Habló de una “montonera tira bombas”, del “colorado hijo de mil puta”, del “lento y poco formado” Ravier, del “cagón de Iglesias”, del “patinador de guita” Caputo, del “narco” Ritondo, de los “fracasados amarillos” ,etc
Hoy, muchos de esos dirigentes ocupan lugares clave o son aliados indispensables de su administración.
La pregunta es inevitable, cambiaron ellos o cambió Milei?
Si antes decía la verdad, por qué gobierna con ellos?
Y si aquellas acusaciones eran falsas, por qué los argentinos deberíamos creerle ahora?
Más allá de la desastrosa situación económica y de la insólita situación argentina en el concierto mundial , la crisis institucional que pretende esconder la tardía e insuficiente renuncia del Jefe de Gabinete , es insólita y se vuelve cada día más profunda
Por más q el sector económico concentrado , el periodismo hegemónico , el sindicalismo cómplice , y gran parte de la clase política lo nieguen , la única solución es que Milei deje de ser presidente .
Poesía pura que haya perdido en su cancha jugando a su propio juego y con sus reglas. Nació, vivió y murió como lo q fue, un tuitero. En Argentina no hay drama con ser corrupto, el problema es ser canchero. Róbame pero no me forrees. Y menos con esa cara de recién pajeado.
Terminó tu paso por la vida pública.
Terminó tu paso por la política.
Terminó tu paso por los medios.
Y terminó, también, cualquier posibilidad de volver a pararte frente a un micrófono o una cámara sin que la memoria te pase factura.
Decís que renunciás por responsabilidad. Que lo hacés para cuidar al Presidente y al Gobierno.
Cada uno creerá la explicación que quiera.
Yo me quedo con un hecho mucho más simple: tu salida llega cuando las investigaciones sobre tu patrimonio y el nivel de vida que exhibís ya pesan demasiado sobre el Gobierno y las explicaciones dejaron de alcanzar.
Y te soy sincero.
No siento la más mínima lástima.
Porque durante demasiado tiempo confundiste el poder con el derecho a humillar.
Venías de los medios. Conocías el oficio. Sabías perfectamente cuál era el rol del periodismo.
Sin embargo, apenas llegaste a un cargo público, elegiste el desprecio.
Como vocero interrumpías preguntas. Descalificabas. Ridiculizabas. Tratabas a quienes preguntaban como si fueran una molestia y no ciudadanos ejerciendo su derecho a pedir explicaciones a través de la prensa.
No fue un exabrupto.
Fue una forma de ejercer el poder.
Creíste que la soberbia era inteligencia.
Que la prepotencia era autoridad.
Que humillar era gobernar.
Hasta llegaste a proponer un botón para silenciar preguntas incómodas, como si el problema fuera quien preguntaba y no quien debía responder.
Y hoy descubrís la verdad más vieja de la política.
El poder no hace grande a nadie.
El poder solamente revela quién sos.
Podrás renunciar.
Podrás esconderte.
Podrás volver a empezar donde quieras.
Pero hay una cárcel sin rejas y una condena sin jueces.
La de vivir sabiendo que el recuerdo que dejaste de vos será siempre más grande que cualquier cargo que alguna vez ocupaste.
Y esa, @madorni, es la única condena que dura toda la vida.
Fin