El amor no basta, mucho menos cuando no llega. Cuando las sensaciones son con la cobija en las madrugadas, habitáculos perfectos del insomnio. Receptáculos del hacinamiento de mis frustraciones. Escenario moroso de mis perversiones. El amor no llega.
#MiAniversarioDeX
"Aquí sí hacemos panchos y hasta te andamos rompiendo la madre. Somos banda y ¿qué tranza?, no pintamos para protestar somos la protesta. Somos la pared que plasma su desventura y esta anarquía existencial, somos la chingada madre del poder."
Mis palabras son extrañas y vienen de lejos, de donde no es, de los encuentros con nadie¿qué haré cuando me sumerja en mis mundos fantásticos y no pueda ascender?Porque alguna vez va a tener que suceder. Me iré y no sabré volver. Es más, no sabré siquiera que hay un“saber volver”
Le escribió entonces una carta febril de veinte pliegos en la que soltó sin pudor las verdades amargas que llevaba podridas en el corazón... Le habló de las lacras eternas que él había dejado en su cuerpo, de la sal de su lengua, de la trilla de fuego de su verga africana.
...arrancándose mechones de raíz y llorando con gritos tan desgarradores que parecían de júbilo. Yo las vi pasar desde el balcón de Magdalena Oliver, y recuerdo haber pensado que un desconsuelo como ése sólo podía fingirse para ocultar otras vergüenzas mayores.
… como esos que parten de viaje para ver con sus propios ojos una ciudad deseada y se figuran que pueden disfrutar en una realidad el hechizo de lo soñado.
En cumplimiento de su promesa, Santa Sofía de la Piedad degolló con un cuchillo de cocina el cadáver de José Arcadio Segundo para asegurarse de que no lo enterraran vivo.
… y un miércoles de gloria llevaron un tren cargado de putas inverosímiles, hembras babilónicas adiestradas en recursos inmemoriales, y provistas de toda clase de ungüentos y dispositivos para estimular a los inermes,
-Qué raros son los hombres -dijo ella, porque no encontró otra cosa qué decir-. Se pasan la vida peleando contra los curas y regalan libros de oraciones.
... de esos bisabuelos inútiles que deambulan como sombras por los dormitorios, arrastrando los pies, recordando mejores tiempos en voz alta, y de quienes nadie se ocupa ni se acuerda en realidad hasta el día en que amanecen muertos en la cama.