Vicky Dávila pasó a ser la desinfl-hada de las encuestas 🧚. Lanzó su campaña demasiado pronto, no tiene propuestas, perdió el personaje de “outsider” frente a Abelardo y terminó alimentando una derecha cada vez más dividida, sin una narrativa que trascienda el simple antipetrismo. Las encuestas no la castigan por azar: la castigan porque su proyecto no representa una alternativa real para un país que exige algo más que ruido.
Otra cachetada del presidente Petro a las feministas: minimizar una agresión diciendo que “no se mete en peleas” (cuando no son peleas, sino violencia de género) es revictimizante y profundamente irresponsable. Lo mínimo que se espera de un Presidente es que nombre la violencia por su nombre, la rechace sin ambigüedades y lidere políticas públicas reales para que en Colombia dejen de asesinar y maltratar a las mujeres.
No falta la derecha cipaya y arrodillada que celebra que Trump amenace con atacar a Colombia, en una evidente violación de nuestra soberanía. El mismo que acaba de indultar a un político narco y a quien ya se le derrumbó el discurso “anti-drogas”. Quiere interferir en las elecciones de 2026, ellos lo saben y lo celebran.
En este país necesitamos más y más memoria. Cuando alguien con tanto alcance y seguidores - como Dani Duke - habla de Álvaro Uribe como si fuera un héroe incuestionable, invisibiliza a miles de familias y víctimas que aún esperan verdad.
Lo que hizo Paloma Valencia contra Iván Cepeda no es aceptable en ninguna democracia. Acusar a un senador y precandidato de “mandar a matar” sin una sola prueba es una forma de violencia política que pone en riesgo su integridad y degrada el debate público. En un país donde ya se ha asesinado y perseguido a líderes de izquierda con ese mismo tipo de discursos, repetirlos es inaceptable.
Trump está intentando influir en las elecciones de 2026 en Colombia, y la derecha lo aplaude aunque eso signifique entregar la soberanía. No es nuevo: ya intervino en Honduras para imponer gobiernos afines. Usa la “guerra contra las drogas” como excusa para controlar la región. Y más grave que Trump son los políticos colombianos dispuestos a servirle antes que defender al país.
Aclaro: no me voy a lanzar al Congreso de la República aunque está rondando una lista con mi nombre. Desde la voz ciudadana seguiremos formándonos, aprendiendo, haciendo activismo y defendiendo causas progresistas ❤️
Hoy los partidos están tan desesperados por unos votos que hasta el Nuevo Liberalismo -creado para honrar la vida y la integridad democrática- terminó buscando a una figura que se hizo famosa por promover la violencia política. Parece que a los Galán se les olvidaron los ideales por los que vivió y murió su padre.
Abelardo De La Espriella se vende hoy como el hombre de la “mano de hierro”, pero su poder, su fortuna y su prestigio nacen justamente de defender a parapolíticos, lavadores, estafadores y fichas clave de las redes criminales que dice combatir. Su carrera no se construyó enfrentando el crimen, sino trabajando para él.
Trump no está pensando ni en la democracia, ni en la lucha antidrogas: está pensando en petróleo. Que Trump diga abiertamente que "se quedaría" con el crudo venezolano que se acaba de robar y que Colombia "es la siguiente" debería encender todas las alarmas sobre lo que pretende hacer en la región. ¡Dejen de ser tan arrodillados!
María Fernanda Cabal construyó su discurso atacando los subsidios, pero su hijo terminó beneficiándose de ayudas públicas pensadas para campesinos. Es la hipocresía máxima: una élite política que usa la plata pública para los suyos mientras desprecia a quienes sí la necesitan.
Lo de Polo Polo traicionando a Cabal no sorprende. Él es el síntoma de un sistema que permitió que una curul de reparación histórica fuera capturada por la conveniencia, la maquinaria y el oportunismo. No representa a las comunidades afro, no reconoce su exclusión, no honra sus luchas y ni siquiera cumple con su deber básico de legislar.
La jueza Vivian Polanía dejó audios alertando que estaba en riesgo antes de morir. Y aun así, la conversación pública prefirió fijarse en su cuerpo y no en sus alertas. Esa sexualización no es casual: es revictimización mediática que desvía la atención de lo importante.
La doble moral de Andres Pastrana: llamar pederasta a Gustavo Petro, mientras hoy se revela una imagen suya abrazado a Ghislaine Maxwell - pareja y cómplice de Jeffrey Epstein - condenada a 20 años de prisión por facilitar y encubrir una red de abuso sexual de menores.
“Cuando la izquierda roba, nuestra gente llora”. Que dos exministros del gobierno de Gustavo Petro, Ricardo Bonilla y Luis Fernando Velasco, estén en la cárcel por el escándalo de la UNGRD, evidencia una lógica grave de intercambio entre recursos del Estado y poder político. La corrupción es siempre condenable, pero en un gobierno que se dice de izquierda es aún más doloroso porque está traicionando su razón de ser.
El problema no es que Paloma Valencia quiera entrar a la "Gran Consulta"; el problema es que los que dicen que son el "centro" estén dispuesto a recibir a la extrema derecha, representada por el uribismo. Recuerden: la tibieza en un país tan desigual termina siendo funcional al poder de siempre.
La discusión sobre Colfuturo no es resentimiento como dice @FBarbosaDelgado: es una crítica a un modelo injusto donde el Estado termina usando recursos públicos para financiar trayectorias educativas de quienes ya tenían ventajas previas. En un país tan desigual como Colombia, la meritocracia no corrige brechas, las reproduce; y cuando el dinero público se canaliza hacia esquemas selectivos, no garantiza derechos, consolida privilegios. La función del Estado es invertir cada peso en reducir desigualdades y ampliar el acceso real a la educación.