Y toda la semana el café se volvió más frío, el chocolate más chico y su indiferencia más grande. No me molesta que no me prepare el café, me molesta que no tenga la valentía suficiente para decirme que me dejó de querer y en vez de eso ahora prepara cafés fríos con poco amor.
Me di cuenta de que Mariano ya no me quería cuando nos fuimos a dormir. No fue porque le sonó el teléfono a la madrugada y se fue a atender al baño, tampoco fue porque encontré un arito plateado en su auto cuando yo uso sólo dorado, en realidad fue por cómo me preparó el café.